"Nos faltan notables que mantengan el pulso de la ciudad"

  • El vicepresidente de la abogacía europea reclama conexión entre las fuerzas políticas, económicas y sociales

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José María Davó (Jaén, 1948) acaba de ser elegido vicepresidente segundo del Consejo de la Abogacía Europea, entidad que agrupa, a través de los consejos nacionales, a 700.000 letrados de los 25 estados de la Unión Europea y de otros seis países observadores. En 2010 presidirá este organismo. Además, Davó forma parte de la Corte Penal Internacional. Es un abogado de empaque institucional, maneras exquisitas, actitud dialogante y mirada crítica. Se queja de la desestructura social de Málaga. Reprocha que las fuerzas sociales, económicas y políticas no sean capaces de hallar los caminos del entendimiento. Y, sobre todo, extraña la ausencia de notables con capacidad de liderazgo.

-¿Qué es el Consejo Europeo de la Abogacía?

-Reúne a todos los consejos nacionales de la abogacía de la Unión Europea y su espacio económico para vehiculizar las relaciones con las autoridades europeas, transmitirles nuestras aspiraciones y opiniones comunes e informar las resoluciones que se van a aprobar.

-Sólo dos españoles han alcanzado antes esta cima.

-Uno en realidad, don Ramón Mullerat, porque Ana Palacio fue nombrada ministra cuando iba a llegar a la presidencia.

-En esta Europa tan grande, ¿qué le parecen las políticas comunitarias de inmigración?

-En otros países no existe la misma sensibilidad que en España porque los problemas no son tan acuciantes. Aquí se vive con toda su trágica realidad, lo que produce un impacto y una sensibilidad que no existe en otros países.

-¿Por eso no se avanza en una política común?

-No. Eso lo que hace es dilatar esa política común.

-Con los ojos puestos en ese contexto europeo. ¿Qué opinión tiene del sistema judicial y de la abogacía española?

-Sin querer ser chovinista, creo que es de los mejores de Europa. Además, en el caso de los abogados, lo más digno de valorar es el gran esfuerzo que se ha hecho, porque somos autodidactas. ¡Imagine, yo soy un abogado preconstitucional. Me he tenido que formar después! Pues a pesar de todo el nivel y la calidad son muy buenos gracias a la preocupación de los propios letrados por crear las escuelas de prácticas jurídicas. ¡Con nuestras propias cuotas colegiales formamos a nuestros competidores!

-¿Qué le parece la Ciudad de la Justicia?

-Yo pensaba que iba a ser más ciudad, con más jardines y espacios abiertos. Se ve que al proyecto inicial se le han tenido que hacer adaptaciones porque hacían falta más metros y, claro, se han cogido de los jardines. En todo caso, es muchísimo mejor que lo que había.

-¿Y los accesos?

-Lo absurdo es que sabiendo que aquello estaba ya saturado no se haya tenido en cuenta. Lo que no puede ser es que las administraciones no se pongan de acuerdo... Decimos que Málaga es el motor de Andalucía, pero cada uno va por su lado. Si le dijera que desde 2001 estoy intentando crear la Academia Jurídica Malagueña y hasta ahora ha sido siempre denegada.

-¿Por qué?

-No se nos han dado explicaciones. Ahora quiero retomar otra vez esta batalla. Es absurdo que se siga pensando que Málaga es una ciudad de charanga y pandereta, sólo de sol y playa, que también es bueno que lo sea. Pero no solamente es eso. Málaga tiene un nivel jurídico alto y que se nos niegue la posibilidad de crear la academia es absurdo, porque nuestra labor no va contra nadie, sino en beneficio de todos y permitiría dar a conocer una serie de magníficos juristas. Ahora vamos a pedir adhesiones y llevarlas a la Consejería de Innovación. A ver si esta vez son capaces de darnos una razón mínimamente justificativa para denegar una petición avalada por todos: Universidad, judicatura, abogacía, Fiscalía...

-¿Esto no pasa en otros sitios?

-Me temo que Málaga no está todavía suficientemente vertebrada.

-¿Cómo se explica esa falta de vertebración en una ciudad tan dinámica?

-Posiblemente porque no tiene una clase media alta sólida.

-Falta capacidad de liderazgo.

-Y de arraigo. Esta es una ciudad abierta. Todo el mundo tiene acogida. Y, sin embargo, luego no tiene una verdadera estructura social que mantenga, con una serie de notables, el pulso de la ciudad.

-¿Demasiado nuevo rico?

-Quizás el término nuevo rico es peyorativo. Yo lo digo más en el sentido de despreocupado. Porque la riqueza implica menor trabajo para tener ocio y ese ocio, en vez de dedicarlo al disfrute individual, dedicarlo a batallar por la ciudad. Somos muy individualistas y se echa de menos que actuemos en conjunto para potenciar Málaga.

-Como aquella burguesía del XIX.

-Sí, precisamente porque esa burguesía tenía conciencia de que preservar los valores de la ciudad no era más que preservar sus propios valores. Aquel tipo de sociedad se vino abajo y ahora el recién llegado... el arribista, el que ha llegado o demasiado pronto o demasiado rápido todavía no está preparado para decir, vamos a conservar un determinado tipo de estructura que engrandezca la provincia.

-La ciudad ha crecido, pero ¿le falta mucho para ser una gran ciudad?

-Sí. Indudablemente. Nos falta decir, vamos a crecer, pero de manera controlada para que toda esa expansión tenga un aprovechamiento ad intro, hacia dentro. No tenemos esas ideas comunes, básicas en las que todos, con independencia de partidos, tendencias o colores estemos de acuerdo.

-Por eso también nos peleamos tanto.

-Claro, porque no pensamos un poquito más allá. Siempre pienso en algo que me llena de sonrisa: cuando vi en Málaga una manifestación cultural reivindicando que la Aduana fuera museo. Estaba todo el mundo. Ha sido uno de esos movimientos espontáneos en los que la ciudad se ha unido a algo tan sorprendente como es un ámbito puramente cultural y artístico.

-Esa gran movilización y la del parque tecnológico parecen ser excepciones.

-Y la que reinvidincaba la Universidad. Sí, porque allí estaban los que luego han sido próceres: desde Agustín Moreno Cano [prestigioso abogado] hasta el que hoy es alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre... Gente que luego ha tenido un peso social. Gracias a ellos se logró que hubiera una Universidad. Y gracias a gentes así se logró que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) tuviera sede propia en Málaga. Y gracias a una labor muy sorda y de mucha visión de futuro de gentes que ni siquiera son de Málaga el TSJA no se ha ido a la Ciudad de la Justicia, de modo que cuando se amplíen las competencias tenga una sede digna.

-¿Dónde echa en falta la movilización social?

-Lamentablemente en todo. Por ejemplo, hace años se quiso organizar un congreso de derecho del turismo con la idea de crear una rama específica que regulara unas relaciones que no estaban estructuradas. Pues en una provincia como esta no se logró. Aquí cada uno hace la guerra por su cuenta. Estamos rodeados de francotiradores que nos asaetan por todas partes, en vez de disparar todos en la misma dirección. Ese es nuestro gran problema. Y todavía no hay conexión entre las fuerzas económicas, políticas y sociales, que deberían estar marchando al unísono.

-Perdemos oportunidades.

-Y talento.

-Entre 1998 y 2001 fue decano del Colegio de Abogados de Málaga. ¿Cómo fue aquella etapa?

-De cambio. Quise hacerla de cambio y fue difícil porque me arremangué y me puse a bailar con la más fea. Asumí funciones impopulares como subir las cuotas que llevaban muchísimo tiempo congeladas y, sobre todo, quise abrir el colegio a la sociedad, lo que también generó, al principio, cierto grado de incomprensión. Había quien no entendía que se hicieran cursos de cata o teatro. También intenté potenciar la figura del colegio hacia fuera, por eso me volqué en el consejo andaluz y en el general.

-También es ahora miembro de la comisión disciplinaria de la Corte Penal Internacional.

-Soy el único español en la comisión. Y me causa una satisfacción enorme porque hay 200 abogados de todo el mundo inscritos para actuar ante esta Corte, no conocía a ninguno de ellos, y me eligieron.

-¿Qué futuro tiene la Corte?

-Muy bueno. La Corte es, para mí, el ensayo más positivo que hay de justicia universal. Hasta ahora había tribunales específicos creados para determinados conflictos a posteriori, que es algo que rechina porque en el ámbito penal tiene que estar el tribunal y la ley creada antes.

-Pero no están EEUU, Rusia o Israel, países con importantes conflictos abiertos.

-Lo que hay que ver es que de los más de 180 países de la ONU están más de cien. El coro de naciones es muy favorable, con lo cual tarde o temprano estarán. Y, sobre todo, es importantísimo porque ya se están empezando a ver los frutos. Este mes empieza el primer juicio. Es el de Tomás Luanga de Congo. Hay cuatro asuntos abiertos, todos en África. Porque a nosotros Darfur nos suena un poquito... Pero hay una gran distancia mediática y la sociedad no está sensibilizada con los conflictos de África, que son tremendos.

-¿Qué función tiene la comisión disciplinaria?

-Vela porque los abogados que actúan ante la Corte se mantengan dentro del código disciplinario, que es muy singular porque no sólo tiene connotaciones jurídicas, sino también políticas, porque puede ser difícil encontrar pruebas de acusación o de defensa cuando se acusa, por ejemplo, al presidente de un país.

-¡Qué bonito!

-Es apasionante y sobre todo saber que es algo que está al alcance de cualquiera de los 5.000 abogados de Málaga. No es algo lejano, vago ni cerrado, sino una realidad palpable que se alcanza con estudio.

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