El folclore da paso a la nueva Feria de Málaga

  • Ya en sus primeros compases, la fiesta es un nudo de contrastes entre modelos obligados a convivir en la calle

La plaza Uncibay, escenario de conciertos durante la Feria. La plaza Uncibay, escenario de conciertos durante la Feria.

La plaza Uncibay, escenario de conciertos durante la Feria.

Los fuegos artificiales y el pregón de Lamari abrían una nueva edición de la Feria de Málaga, y la tradicional romería de la Virgen de la Victoria puso la nota de folclore al sábado con sus verdiales, malagueñas y caballos. Hasta ahí llegaron las pinceladas de Feria clásica en la jornada. Desde la hora de comer desaparecieron casi por completo los trajes típicos de la calle de la capital y lo más clásico que quedó en el centro fue el color rosa del Cartojal. Botellas rosas de mano en mano, por el suelo y en los mostradores de cada tienda que hacen su agosto, nunca mejor dicho, en estos días. Rosa en los toneles, en los vasos que suben llenos y bajan secos, en camisetas y sombreros. Un rosa predominante en una Ferial con sabor a alcohol.

Acercarse al centro, por cualquiera de sus flancos, es vivir una degradación, de colores olores y ambientes, que traslada a quien se aproxima a la Feria. Al cruzar el río y bajar por la Tribuna de los pobres, el ambiente alrededor de la caseta de la cofradía de la Santa Cena muestra una imagen de familias disfrutando de la música y la comida en una zona adornada con farolillos para la ocasión. Todavía se ve algún traje tradicional y flores en el pelo.

Avanzar hacia plaza de la Constitución es realizar un viaje. Los vasos de litro y personas en estado de embriaguez toman el puesto dejado por las pinceladas de folclore. La música desaparece, como mucho un altavoz en corro improvisado de calle Granada emite música clásica, clásica de botellones: el reggaeton y otros ritmos latinos sirven para animar a quienes se paran. No varía mucho la imagen al avanzar unos metros. La música desaparece, igual que los toldos que cobijan del sol, y la gente busca la sombra. Un grupo de jóvenes, sentados contra la pared, decidieron que es buen lugar para descansar mientras se beben sus macetas. Es la nueva Feria.

Las charangas tratan de crear su propio reducto, como los galos de Asterix y Obelix, y animan, desde donde pueden y les dejan, las calles del centro. La gente lo agradece. Cantan, bailan y corean pidiendo más. En este caso lo hacen desde dentro de un local, asomados al balcón, y logran congregar a varios cientos de personas en la plaza del Siglo. La gente quiere fiesta, quiere música, pero aún es temprano para que ésta empiece en las seis plazas del centro y hay que buscar alternativas.

La jornada avanza y Money Makers toma Uncibay con rock, y hacen saltar a los presentes a ritmo de Red Hot Chilli Peppers o Evanecense. Lejos de lo tradicional, pero es la nueva Feria.

Llegó la hora de echar el cierre, al menos de la música, y como siempre la gente se aferró a sus copas y botellas varias horas antes de ir a casa. Es la nueva Feria.

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