Un fósil viviente que eligió Málaga par vivir

  • Naturalistas encuentran por casualidad en la Sierra de Alpujata una larva que podría pertenecer a una especie única en el mundo

La casualidad quiso que hace alrededor de un año un grupo de naturalistas encontraran una larva en la Sierra Alpujata de Coín, que de confirmarse científicamente, se trataría de una especie no inventariada hasta la fecha en ninguna parte del mundo. A simple vista puede parecer un pequeño insecto acuático como otro cualquiera, pero sus descubridores aseguran que no tiene similitud con otras especies y que está considerado un fósil viviente que no ha cambiado su aspecto desde hace 200 millones de años.

Aún sorprendidos por el hallazgo, dos biólogos y otros tres naturalistas amantes de este entorno de enorme valor ecológico, contaron ayer que estaban haciendo un estudio sobre los invertebrados acuáticos de la zona cuando se produjo tan importante descubrimiento. Tras hacer las pertinentes comprobaciones científicas, la sorpresa inicial se transformó en emoción cuando se percataron de que el insecto pertenece a una familia nueva para la Península Ibérica. Se llaman nevrórtidos y son un extraño grupo de neurópteros, que solamente cuentan con 14 especies en tres zonas muy localizadas del mundo: el extremo oriental de Australia; Japón, China y Taiwán, y la cuenca mediterránea.

La explicación de que este fósil viviente haya sido localizado en lugares tan distantes entre sí se debe, según explicó Oscar Gavira, biólogo y uno de los descubridores, a que habitó las sierras litorales de Pangea antes de la separación de los continentes y "al separarse quedó así distribuido".

La novedad en el caso de las larvas encontradas en la Sierra de Alpujata de Coín es que no se corresponden con ninguna de las especies de esta familia conocida hasta la fecha. Uno de los cuatro ejemplares permanece en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid para que otros científicos puedan estudiarla dada la extrema rareza de estos organismos que no han evolucionado desde hace millones de años.

Pero para saber exactamente a qué especie pertenecen es fundamental encontrar un ejemplar adulto, algo que de momento no ha podido ser, aseguró Gavira. El esperanzador hallazgo ha sido publicado en el Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa (SEA), pero de momento sus descubridores mantendrán en secreto el lugar donde encontraron a los pequeños insectos. No se fían de la capacidad de la administración para garantizar la protección de algo que podría ser único.

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