Los 'guías' del puerto

  • Los remolcadores son imprescindibles para el atraque de los buques · En 2011 superaron las 1.500 maniobras en Málaga

En 2011, los remolcadores adscritos al servicio del puerto de Málaga, superaban las 1.500 maniobras; unas cifras muy considerables que muestran a las claras el trabajo de estos buques auxiliares activos las 24 horas del día los 365 días del año.

Coordinados para las maniobras de atraque y desatraque con el centro de control del puerto, los prácticos y los amarradores, la mecánica de actuación de los remolcadores sigue unas pautas fijas que, sin dejar de ser habituales, suelen verse afectadas casi todos los días por infinidad de variables.

Una vez que un barco anuncia su entrada, y ya sabiendo si serán necesarios uno o dos remolcadores (en función del tipo de barco, las condiciones meteorológicas o cualquier otra circunstancia, el capitán del buque y el práctico dictaminan esta necesidad), comienza la maniobra. Por norma general, una hora antes de la llegada del barco a la bocana, los remolcadores salen a su encuentro. Con el práctico a bordo del buque a maniobrar, esto suele ocurrir aproximadamente a una milla de distancia de la entrada al puerto, los remolcadores, ya junto al barco y situados a proa y popa, hacen firmes sus respectivos cabos de maniobra quedando a la espera de recibir cualquier tipo de orden. Acompañando al barco, y siempre atentos para facilitar su maniobrabilidad, una vez dentro del puerto, se inician una frenética actividad que finalizará con el barco atracado en el muelle. Recibiendo permanentemente las órdenes del práctico desde el puente de mando del buque en maniobra, los remolcadores tiran o empujan para acoplar al buque en el lugar asignado, mientras que los amarradores, a pie de muelle, se encargan de fijar las estachas que dejarán al barco firmemente atracado.

Y si en las maniobras de atraque los remolcadores suelen, sobre todo, empujar para pegar los barcos al muelle, en las de desatraque, estos buques auxiliares tiran de los barcos para separarlos y posicionarlos adecuadamente para su salida del puerto.

Unas operaciones que se repiten a diario y que pese a su habitualidad siempre son muy diferentes.

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