Dos hermanos unidos por un regalo especial

José y Pedro Ponce están sanos, pese a que viven solamente con un riñón. José le dio uno de los suyos a su hermano que estaba consumido por una insuficiencia renal.

De eso hace ya tres años. Ahora trabajan, corren maratones y son felices. José, conductor de autobuses en la Empresa Malagueña de Transportes, cuenta que hace unos 16 kilómetros diarios. Pedro es taxista, tiene menos tiempo, pero también corre unos 12 kilómetros al día.

"Los dos estamos estupendamente. Hemos pasado las revisiones en julio y estamos bien. Corremos, hacemos deporte. Mi hermano incluso se ha casado", cuenta. "Si no te miras el abdomen [donde tienen la cicatriz, uno para sacarle el riñón y otro para el trasplante], ni te acuerdas", relata José.

Ambos deben llevar una vida sana. Pero José reconoce que a él no le supone ningún esfuerzo porque ya tenía hábitos saludables antes de prescindir de uno de sus riñones para hacerle el mejor regalo que podía a su hermano. "A mí no me han prohibido nada. A mi hermano sí le recomiendan dieta baja en sal. Además, él tiene que tomar inmunosupresores", que es una medicación específica para que las personas trasplantadas no rechacen un órgano que no es el suyo.

José reconoce que no le gusta mucho eso de salir en los periódicos. Sin embargo, hace el esfuerzo para que si hay otras personas en la situación que ellos estuvieron se animen al trasplante de donante vivo. Pretende que su ejemplo sirva para ayudar a otros.

Además, cuenta que el 1 de septiembre próximo ya tiene cita para hacer el testamento vital, un documento en el que además de dejar claro que el día que fallezca quiere donar el resto de sus órganos, establecerá las condiciones en las que quiere morir cuando le toque. "Quiero quitar a mi familia la responsabilidad de tener que tomar esa decisión el día que llegue el momento", concluye.

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