Cuatro historias de superación

  • Una mañana junto a cuatro personas con síndrome de Down en sus respectivos puestos de trabajo para comprobar como es su integración y eficiencia laboral

Izaskun, una joven con síndrome de Down, reprochó en un programa de televisión al presidente José Luis Rodríguez Zapatero la pasada semana la ausencia de personas con esta anomalía genética entre los funcionarios que trabajan para el Gobierno. Este periódico ha compartido una mañana con cuatro síndrome de Down de distintas edades integrados en el mercado laboral. Su testimonio y el de sus compañeros de trabajo son una muestra de que están capacitados para realizar una labor eficiente.

Tras la visita en plena jornada laboral, queda de manifiesto que llevan a cabo su labor como cualquier compañero. Igualmente, su integración no llama la atención por nada en especial. "Son uno más", dicen quienes mejor le conocen en el día a día. Por esta inclusión en la sociedad, sin perjuicios y con los mismos derechos que cualquiera, lucha la asociación Down Málaga.

Este colectivo cuenta con un programa de inserción laboral, merced al cual, nueve de sus socios están trabajando en la actualidad. Además, otros cinco prevén, tras superar con éxito el programa de formación que también imparte la citada asociación, incorporarse al mercado laboral de forma inminente. Para conseguirlo con éxito, aplican la llamada metodología del Empleo con Apoyo. El trabajador con síndrome de Down recibe un entrenamiento en el puesto de trabajo por un profesional, en este caso de la propia asociación, el cual prestará su apoyo al nuevo trabajador hasta que adquiera la total autonomía en la realización de sus tareas y funciones. "Entonces nos retiramos de forma gradual", explican Mabel Jiménez y Rocío Reina, psicóloga e integradora social del programa, en el que trabajan un total de siete profesionales.

Las empresas cuentan con ventajas fiscales por contratar a personas con discapacidad y la experiencia dice que éstas, para determinadas funciones, cumplen como cualquier otro trabajador. O incluso mejor. Algunas compañías se han dado cuenta y buscan personas discapacidadas para reforzar sus plantillas. Por ejemplo, la tienda de deportes Decathlon de Guadalmar está a la espera de que Down Málaga le mande nuevos currículos. En la actualidad cuenta con seis discapacitados en su plantilla, dos de ellos con trisomía del par 21, y "los resultados no podrían ser mejores". "La experiencia es positiva tanto para ellos como para nosotros", afirma Guillermo Tirloy, director de la tienda.

Carlos Aragón, de 32 años, lleva casi un año trabajando en Decathlon y confía en conseguir un puesto indefinido próximamente. Vive en Carretera de Cádiz y cada mañana sale de casa a las 7:30 para coger el autobús. "El mío es el número 10", dice. A las 8:00 empieza su jornada laboral y termina a las 12:00. Lo pueden encontrar en la sección de Running (zona de equipamiento de atletismo), junto a su compañero Román. Uno tiene síndrome de Down y otro no, pero forman un equipo paritario. "Sólo se agobia un poco los días que tenemos mucha mercancía a primera hora, porque se siente desbordado al no sabe por dónde empezar, pero es como uno más. Además, siempre es el primero para todo", subraya Román.

Cristóbal López, de 21 años, ha empezado a trabajar esta semana también en Decathlon, todavía cuenta con el apoyo de su coordinadora. A López, según dice, siempre le han gustado los deportes, por ello, aunque ha realizado cursos de carpintería y jardinería en la asociación, no dudó cuando le ofrecieron trabajar en una tienda de deportes. La presencia del periodista le pone nervioso de inicio, pero se suelta enseguida. "A mí me trae mi cuñado en moto", explica. No obstante, desde el programa de integración laboral de Down Málaga adiestran a sus chicos para que sepan llegar al trabajo por sus propios medios. "Les enseñamos a que sean totalmente autónomos, pues si nadie puede llevarlos, tienen que saber ir solos", afirma Jiménez.

Cristina Rosell también tiene 21 años y es auxiliar administrativa en el Registro de la Propiedad, cita en calle Cerrojo. En su caso, vive cerca del trabajo y, según explica, muchas veces va andando sola. Otras lo hace con su padre, que coincide que es compañero de oficina. Pero ella tiene claro los roles. "Aquí es un sólo compañero más", subraya. Para llevar a cabo sus responsabilidades, debe utilizar el ordenador, que manipula sin problemas y afirma que le gusta. Rosell cuenta que pronto se independizará y tiene que ahorrar. Será una de los tres jóvenes de la asociación, precisamente junto a Carlos Aragón, que formará parte de un programa piloto para que las personas con síndrome de Down se independicen.

El más veterano de cuantos integran el citado colectivo, con 48 años, es José Ángel Arambilet. Su lugar de residencia, en este caso el hogar familiar, está en Torremolinos, pero trabaja como operario de mantenimiento en un supermercado de Fuengirola. Para ir a trabajar tiene que coger cada día el tren de Cercanías y un autobús. Ida y vuelta. No tiene problemas, pero sabe que debe ser puntual porque de otro modo no llega para el desayuno. "Cuando suena la alarma del móvil tengo que entrar", explica. Pero si llega antes, aprovecha para tomar un café con sus compañeros en el bar de la esquina. Odia perdérselo.

En la tienda, donde lleva trabajando casi un año, aunque todavía no es indefinido, es uno de los empleados más carismáticos. Además, se erige como todo un manitas. "Tiene muchos recursos, de hecho, cuando se rompe algo en la asociación, lo arregla él", explica Reina, su coordinadora. Aunque ya tiene tal nivel de autonomía que sólo lo visita una vez en semana. También tiene iniciativa. "El almacén siempre está impecable por él, aunque no es su función, pero no le gusta el desorden" dice Daniel Delgado, adjunto al encargado del supermercado, que subraya que Arambilet "cumple con su trabajo y no tiene que envidiarle a nadie".

El periodo de aprendizaje de un síndrome de Down a un puesto de trabajo depende de la persona y de las características de éste. "Algunos necesitan un mes y otro seis, pero para eso estamos nosotros, a la empresa contratante no le cuesta nada", arguyen Jiménez y Reina. Para que la metodología del Empleo con Apoyo sea efectiva, los profesionales deben buscar el puesto de trabajo adecuado para el perfil laboral del futuro trabajador.

Así, cada uno con su carácter y su personalidad. También con sus cosas buenas y malas. Con sus virtudes y sus defectos. Pero como cualquier otro trabajador. Estas cuatro personas con síndrome de Down ponen de manifiesto en su día a día que la inclusión laboral de las personas con discapacidad no es una utopía, ni una obra de caridad, sino toda una realidad. Sólo hay que brindarles una oportunidad.

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