El agua vuelve a inundar los polígonos y los empresarios piden soluciones urgentes

  • Una decena de naves quedaron anegadas después de que la calle Joaquín Vargas "bajara como un río" · El líquido entró por fuera y por el subsuelo a través del váter

Los polígonos industriales en Málaga tienen varias maldiciones con las que parece imposible terminar. Las instalaciones son muy antiguas y difícilmente localizables, las vías están destrozadas, la prostitución está totalmente asentada y, cada vez que llueve fuerte, se inundan. Ahora ha vuelto a pasar esto último, después de que desde el lunes cayeran 103 litros por metro cuadrado en la capital. Las fuertes lluvias de la pasada madrugada provocaron el caos a primeras horas de la mañana en los polígonos Guadalhorce, Santa Teresa o Huertecilla hasta el punto que se inundaron 10 naves industriales y sus propietarios tuvieron que estar sacando agua hasta bien entrada la tarde.

Sergio Cuberos es vicepresidente de la Asociación de Polígonos de Málaga (Apoma) y dueño de la cadena de supermercados Maskom, que tiene su base en el polígono Guadalhorce. Ayer, como otros empresarios, veía nuevamente su compañía inundada. "Ha sido un caos. Hemos estado sacando agua del sótano y hemos perdido maquinaria y documentación", relató. Cuberos explicó que "a las 9:00 no se podía entrar en el polígono Santa Teresa porque había varias calles cortadas, pues la calle Joaquín Vargas era un auténtico río". El vicepresidente de Apoma, que visitó la zona acompañado del concejal de Polígonos, Francisco Salas, y del director de Emasa, José Luis Rodríguez, aseguró que el agua de dos arroyos cercanos -Merino y Labradores- se desbordó y "las obras de la hiperronda y de un ramal que va a Alhaurín de la Torre hicieron de dique por lo que toda esa agua se fue a la calle Joaquín Vargas".

"Los arroyos iban a tope y era difícil desembalsar ese agua al río Guadalhorce porque estaba hasta arriba", continuó el concejal Francisco Salas, quien precisó que "a primera hora de la mañana había varias vías cortadas porque la obra de la hiperronda creó un desbarajuste de arroyos y acequias", aunque destacó que por la tarde "ya estaba todo arreglado". El concejal de Polígonos subrayó que varias dotaciones de la Policía Local controlaron el tráfico "y estuvieron alertas por si ocurrían problemas más graves, ya que lo que más nos preocupaba era la crecida del Guadalhorce".

A Julio Gutiérrez éstas lluvias le recordaron a las inundaciones de 1989, aunque con la salvedad de que "aquello fue una gota fría que cayó en un rato y éstas han sido durante todo un día". Preside la Asociación Provincial de Polígonos y se han trasladado a una nueva sede. "Curiosamente estaba colgando unas fotos históricas de hace 20 años con las inundaciones de la Azucarera y hoy [por ayer] la imagen era muy parecida", señaló. Gutiérrez apuntó que si no ha habido que lamentar males mayores ha sido "porque las obras que se hicieron para engrandecer el cauce del Guadalhorce han sido fructíferas" aunque reclamó que se realice de forma urgente "obras de mejoras en canalizaciones y desagües". Gutiérrez advirtió que "hay problemas de nivel freático en el Guadalhorce, la Azucarera y Santa Rosa" y, de hecho, el presidente de esta asociación afirmó que ayer entró agua en varias naves industriales por los inodoros o las juntas de dilatación.

Los destrozos no fueron excesivos en la jornada de ayer, pero los empresarios ya están hartos. "Es el segundo día totalmente perdido en lo que llevamos de año porque se nos ha inundado la nave" protestó Cuberos, quien exigió al Ayuntamiento de Málaga y a la Junta de Andalucía "que metan mano ya en los arroyos y los encaucen porque siempre tenemos encima la espada de Damocles". En momentos de crisis económica como el actual, con pérdida de ventas, no hace además especial gracia estar cada dos por tres achicando agua. Cuberos afirmó que han llamado al seguro y "nos han dicho que se hará cargo el consorcio". Mientras tanto, los empresarios de los polígonos cruzan los dedos para que no vuelva a llover tan fuerte y se vuelvan a inundar. Una maldición que parece no tener fin.

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