Los investigadores defienden que la muerte del niño fue un asesinato

  • El fallecimiento del menor se produjo entre las 16:15 y las 16:30. Unos mensajes podrían contener algunas pistas para avalar que el crimen no fue circunstancial sino premeditado.

La muerte de Alejandro no fue un homicidio cualquiera. Fue un asesinato, a esa conclusión han llegado los investigadores del caso tras analizar todas las circunstancias que rodean el fallecimiento del niño de tres años. La diferencia estriba en que Antonio F. lo habría hecho con premeditación. El engaño comenzó desde el primer momento en que lo recogió de la guardería el pasado lunes. No pensaba dirigirse al centro comercial de Rincón de la Victoria con el menor porque su destino era la carretera de Los Montes donde se encontraba la balsa donde hallaron el cuerpo con síntomas de ahogamiento.

Esta hipótesis principal la avalaría un whatsapp enviado por Antonio poco después de recoger al pequeño en el que comunicaba a la madre que estaba o que iba a esa gran superficie, lo que reflejaría que mintió al informarle donde se encontraba, según fuentes del caso que tratan de analizar la localización exacta del teléfono en ese momento. Sería su primera falsedad. Otro de los indicios estriba en unos mensajes que, al parecer, el joven había enviado recientemente al padre del menor -teniente de la Guardia Civil destinado en Ceuta- en los que reconocía que el niño estorbaba, que no lo quería y le pedía que se lo llevara. Con el pequeño pasaba mucho tiempo: le recogía de la guardería (para lo que tenía autorización), paseaba con él y solían jugar juntos.

El día de la muerte, los investigadores trataron de seguirle la corriente en todo momento para que los llevara hasta el lugar en que se encontraba el pequeño. Observaron que no parecía que pretendiera mantener ninguna estrategia y achacan a que se mueve por impulsos. Incurría en numerosas contradicciones, aunque de forma natural.

También es clave el hecho de que en el supuesto caso de que el niño se hubiese caído al agua, él no hizo nada por salvarlo. De hecho cuando encontraron el cuerpo y le preguntaron por ello, no respondió. No reaccionó ante la sugerencia de haber llamado al 112 para pedir auxilio, ni había muestras de que lo intentara. Los agentes centran la muerte del niño entre las 16:15 y las 16:30. Unos 45 minutos después llegó al centro comercial donde comunicó a un vigilante que se le había perdido el niño. Su ropa no estaba mojada. Según consta en la instrucción, no existen pruebas de que el pequeño sufriese un accidente o se perdiera como denunció a las 17:15.

Además, los agentes del caso se preguntan qué hacía en un lugar tan recóndito y con el paso prohibido y donde no existía posibilidad de pedir auxilio. En el informe policial también queda acreditado que viajaba con el niño en su vehículo como captó alguna cámara de seguridad durante el recorrido. El progenitor se personará en la causa judicial para "saber qué ha pasado, por qué ha pasado y ayudar a la justicia en lo que sea", indicó el portavoz de la familia.

El Puesto Principal de la Guardia Civil de Rincón de la Victoria dependiente de la Primera Compañía de Vélez-Málaga considera que tiene prácticamente acreditado todas las circunstancias que rodean al caso. Desde la denuncia de la desaparición a la recuperación del cuerpo del pequeño y la consiguiente detención sólo transcurrieron nueve horas. Cuando llegaron, según calculan las citadas fuentes, sólo quedaban tres para que el cuerpo se hundiese, y por tanto, hubiese sido más complicada su localización. No obstante, desde que el vigilante de seguridad dio aviso a la Policía Local de Rincón de la Victoria y a la Guardia Civil de la pérdida del niño, ya detectaron los posibles engaños de Antonio.

La táctica de los agentes para conseguir llegar hasta el menor fue la de colaborar con el presunto homicida, y aunque todavía no ha confesado ser el autor del crimen, si que lograron que les condujera hasta el cuerpo en un remoto paraje de difícil acceso. Para ello utilizaron su talón de Aquiles, su tía, a la que consideraba su gran apoyo. Eso eran las 1:30 de la madrugada. 48 horas después, el detenido, que sufre un cierto grado de discapacidad psíquica, cifrado en un 30%, tampoco se ha derrumbado.

En la noche de autos llegó a ofrecer varias versiones. La primera fue la pérdida del niño en el centro comercial. Desde allí, cambió a la playa donde dijo haber estado jugado entre las barcas desde La Araña a La Cala del Moral. La penúltima, les llevó a los acantilados de El Cantal donde estuvo con los agentes y su tía. Allí, según fuentes del caso, si dijo que "podría haberse caído".

Sobre las circunstancias del crimen de Alejandro, fuentes de la investigación piensan que tendría que ver con la "tensión familiar" que existía entre Antonio y su pareja, Lourdes, la madre del menor. Las discusiones eran continuas y él podría sentir celos del niño de 3 años. "Podría estorbar en la relación", según fuentes del caso que lo describen como una persona "no muy fácil".

El detenido trabajaba en la residencia militar Castañón de Mena y formaba parte de la contratación social. La madre del pequeño confirmó ayer en su declaración en las dependencias de la Guardia Civil en Rincón que estaban juntos, aunque ya en alguna ocasión habían roto.

Hoy está previsto que Antonio pase a disposición judicial, una vez que se agotan las 72 horas que determina la Ley. Durante el día de ayer también prestaron declaración otros posibles testigos y los investigadores intentaron reconstruir los hechos.

Ayer, precisamente el padre d e la víctima recogía su cuerpo junto a la madre tras concluir la autopsia que ha determinado que su muerte fue por ahogamiento, y sin que se apreciara ningún otro ningún síntoma de violencia física. El cadáver fue conducido hasta el tanatorio de Marbella donde ha sido enterrado a las 12:00. El municipio, donde reside la familia paterna, era el punto de encuentro entre los padres del niño para el régimen de visitas. Es allí donde ha recibido sepultura a petición del progenitor.

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