Los 'jeques' de La Palmilla

  • Los clanes de la droga representan los extremos del buen gusto: capaces de pasear en pijama y de colocar tres lámparas Swarovski en una habitación con columnas de nácar · Estos son algunos de sus excesos

La Palmilla ha sido origen de muchos reportajes. Líneas de texto e imágenes que han intentado plasmar el día a día del que posiblemente sea el barrio más problemático de la ciudad. Pero detrás de los cuarteados muros de sus edificios en los que conviven miles de ciudadanos honrados se esconde otra realidad: la opulencia desmedida de los jeques de la droga. Capos que hacen de sus viviendas auténticos fortines tras cuyas puertas blindadas ocultan todos sus excesos y excentricidades. Una oda al rococó donde el dorado se impone y en la que en único verso pueden coexistir una Mágnum 44 con una lámpara Swarovski y el último capricho del benjamín del clan: un cachorro de tigre del que se prendó una tarde de circo.

Esta semana fue arrestada la matriarca del clan de Los Madriles, calificado por fuentes policiales como uno de los más activos en el negocio del tráfico de estupefacientes en la barriada de La Palmilla. El arresto fue el resultado de una laboriosa investigación en la que no faltaron las largas horas de espera y vigilancia. El objetivo lo merecía. Había sido objeto de pesquisas que se prolongaron durante meses y siempre había salido indemne. Su secreto: nunca tocar la droga. El miércoles no lo siguió y acabó ante el juez con los lamentos de los suyos como coro.

La Policía Nacional ha realizado numerosos registros en domicilios de La Palmilla. Allí han encontrado lo último en material audiovisual y juguetes al alcance de muy pocos ricos. Pero siempre queda espacio para la sorpresa.

La vivienda de la matriarca de Los Madriles fue un auténtico shock. Los pasillos son dorados, no hay un centímetro de suelo que no esté cubierto por un lujoso mármol y las columnas recubiertas de nácar destacan en un interior recargado. Pura ostentación que se convierte en una señal de fuerza. Poseer lo más caro, aunque para cualquier interiorista esta decoración sería el extremo más alejado del buen gusto.

Fuentes policiales resumieron la vivienda de una forma gráfica y contundente: "Es como caminar por la casa de un jeque, pero en La Palmilla. Sólo en una habitación había tres lámparas Swarovski de gran valor económico".

Los excesos de los narcos de este barrio son numerosos. Capaces de deambular todo el día por la calle en pijama y de comprar una mesa para el salón de unos 6.000 euros y rematarla con un cenicero de 400.

Los vehículos de alta gama son la perdición de los más jóvenes. Media hora en la rotonda de entrada a la barriada se convierte en un catálogo de todoterrenos y deportivos de todo tipo. Un curtido agente recuerda que una vez estaban haciendo un seguimiento a los miembros de un clan de narcos de la zona que acabó en un concesionario. "Los individuos estuvieron viendo varios vehículos tipo cabriolet. Después de dar varias vueltas eligió uno de ellos, se sentó con el vendedor y pagó en efectivo, billete tras billete, los más de 40.000 euros que costaba".

La ausencia de carné o no haber cumplido los 18 años no son impedimentos para que estos nuevos ricos de la droga farden con sus deportivos o mastodónticos todoterrenos. Un menor de 16 años de la zona se convirtió en un habitual de las intervenciones de la Policía Local por sus exhibiciones de conducción temeraria a bordo de su Mercedes SLK color amarillo. Porque eso sí, el color debe destacar.

Los productos audiovisuales de última generación también son objetos habituales en los domicilios de los jeques de La Palmilla. Hay viviendas en las que las dimensiones de los televisores de plasma se aproximan a los de una pantalla de cine y las videoconsolas se amontonan junto a un equipo de música Bang & Olufsen en el que resuena, con gran calidad de sonido, el último disco compacto de un grupo de flamenco fácil y machacón.

Pero las excentricidades de los narcos de La Palmilla pueden alcanzar tintes surrealistas. Otro policía curtido en las calles de la barriada recuerda, todavía con gran asombro, cómo rescataron un cachorro de tigre de una vivienda. La historia no tiene parangón: "Varias personas estuvieron viendo el espectáculo de un circo que había llegado a la ciudad. Después de las actuaciones, estuvieron dando una vuelta por las jaulas. El niño que iba con ellos se quedó prendado de la cría de una tigresa que tenía pocas semanas de vida. El padre fue a hablar con los dueños del negocio y le ofrecieron dinero por el animal, pero éstos se negaron. Esa misma noche, el cachorro fue robado. Días después lo encontramos en el barrio. Estaba encerrado en una habitación y atado con una correa".

Estos son algunos ejemplos del lujo oculto de La Palmilla. Una situación que contrasta con la de miles de ciudadanos que viven en la zona y que cada día madrugan para acudir a sus puestos de trabajo. El destino material del dinero sucio de los clanes de la droga.

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