El largo viaje de una maestra

  • Chunyvan Wang, Celia para compañeros y alumnos, llegó a Málaga en noviembre para dar clases de chino a 75 escolares de distintas etapas en el IES Juan Ramón Jiménez · Los alumnos destacan de ella su paciencia

Tiene 27 años y está recién casada. Su marido se quedó en China pero Chunyvan Wang, Celia para alumnos y compañeros, inició el pasado mes de noviembre un largo viaje. Llegó a Málaga para participar en una experiencia pionera, abrir los colegios públicos andaluces al aprendizaje del chino. Ella es profesora de 75 alumnos desde Primaria hasta adultos en el IES Juan Ramón Jiménez, de la barriada de Cruz de Humilladero. Extraña a su familia y aún le cuesta un poco el español, pero nunca muda su sonrisa. Se está enamorando del clima, la gente y la gastronomía española más de lo que creía.

Siempre subida en sus tacones, con una melena envidiable, servicial y simpática, los alumnos destacan de ella su paciencia. En Pekín estudió la carrera universitaria de enseñanza de chino a extranjeros y de maestra. Se formó durante siete años, tiempo en el que estudió español. "Me gustaba mucho el arte español, es muy atractivo, muy famoso, tenéis a Picasso, y la música, que suena tan feliz", comenta Celia. El año pasado estuvo diez meses en Valencia ejerciendo también como profesora, una experiencia que le está aportando grandes satisfacciones. "Me gusta mucho cuando los alumnos hablan chino conmigo o muestran interés por aprender mi lengua, eso me encanta", asegura y se enorgullece de que sus estudiantes la saluden por los pasillos en su idioma.

"La verdad es que disfruto mucho aquí, la gente es más amable de lo que pensaba, creía que por ser extranjera no iba a tener amigos pero no ha sido así", dice la joven docente, que también confiesa lo sorprendida que está de la rapidez con la que aprenden, sobre todo los más pequeños. "Pensaba que los alumnos no iban a poder escribir, que les iba a resultar todo más difícil, pero estoy encontrando a gente muy inteligente", afirma. Le encanta el jamón y el queso y dice que el vino tinto aquí "es muy bueno". Tanto le gustó el jamón que para Navidad "me compré una pata", cuenta. Para Celia la comida no es tan diferente como en un principio podía figurarse. La paella, los mariscos rebozados, hay platos que se le parecen a los de su gastronomía, lo que le hace aún más fácil su adaptación. "Me apaño muy bien", recalca.

Ya ha visitado el centro histórico, la casa natal de Picasso, ha visto el puerto y ha paseado por la playa. Cuando termine el curso tendrá que volver a China y presentar un informe de su trabajo en el Instituto Confucio. Le gustaría reengancharse el próximo año a este programa y volver a Málaga, pero no se ve viviendo de forma estable tan lejos de casa. Pero como le encanta su trabajo, por el momento es suficiente una videollamada por skype para sentirse cerca de los suyos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios