La lección inaugural se gana una ovación del público

  • El profesor Luis Gómez Jacinto expone cómo la desigualdad empeora la salud física, psíquica y social

El público le brindó ayer una ovación cerrada al profesor de Psicología Social de la Facultad de Estudios Sociales y del Trabajo Luis Gómez Jacinto por la conferencia inaugural del curso en la que explicó con rigor científico y lucidez verbal cómo la crisis ha ahondado la desigualdad y de qué manera esa desigualdad ha empeorado la salud física, psicológica y social de los ciudadanos.

Gómez Jacinto detalló que el ser humano tiene impresos en su cerebro el instinto de la igualdad y la justicia, cuestión que la ciencia ha demostrado experimentalmente. "El impulso igualitario conduce a una reducción drástica de la desigualdad dentro del grupo y crea las condiciones para la aparición de la aversión a la inequidad, la empatía, la compasión y los valores morales igualitarios". Sin embargo, el crecimiento económico ha sido inversamente proporcional a la equidad, brecha que la crisis ha acusado, de modo que, por ejemplo, ahora en España 20 personas tienen lo mismo que el 30% más pobre: 115.100 millones.

"El choque entre una mente paleolítica moldeada en sociedades igualitarias y las actuales estructuras sociales desiguales tiene inevitablemente consecuencias psicológicas y sociales". El desequilibrio económico crea condiciones de jerarquía y de comparación social que conducen a la competición entre los individuos para labrarse una identidad e incrementar sus recursos. Esa presión implica tensión social, estrés individual y reacciones fisiológicas, comportamientos arriesgados y antisociales, y respuestas como la envidia, la insatisfacción, la frustración, el miedo y la angustia. En esa escalada el siguiente paso es la degradación de la salud. Es decir, la desigualdad, que no la mayor riqueza o pobreza de una sociedad, perjudica la salud y, en definitiva, mata.

Luis Gómez Jacinto apuntó que estudios científicos han revelado que el incremento de la inequidad se corresponde con un aumento de las enfermedades mentales, embarazos adolescentes, abandono escolar, la obesidad, abuso de las drogas, mortalidad infantil, tasa de homicidios, población reclusa y mayores índices de pobreza. En la misma medida, se ha comprobado que disminuye la promoción social, el rendimiento académico, cae la esperanza de vida, la tasa de voto -porque también desactiva la participación social- y la confianza en los demás. Incluso se ha descubierto, en un análisis de 82 países de cinco continentes, que crece la mortalidad debida a conductas de riesgo como accidentes de tráfico , suicidios u homicidios.

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