Un lugar marcado por el fiasco

Corrían las primeras horas de la mañana del 17 de diciembre de 2004 cuando el aún alcalde, Francisco de la Torre, recibía de manos del entonces presidente de Altadis, Pablo Isla, las llaves de las antiguas instalaciones fabriles. La antigua Tabacalera, seña de identidad de la capital durante décadas, pasaba a ser patrimonio del Ayuntamiento. La hoja de ruta trazada en aquellas semanas por los responsables municipales, tras dos años de negociaciones, era claro: generar una nueva centralidad urbana en torno, principalmente, al Museo de las Gemas.

Poco menos de once años después, parte de los pabellones de la vieja fábrica siguen sin encontrar contenido. Y ello a pesar de los muchos intentos del regidor. Lo ocurrido ahora con el Polo Digital, diluido como un azucarillo en agua, sigue la estela de lo sucedido con Art Natura. La iniciativa cultural, a la que ha tomado el relevo recientemente el Museo de Arte Ruso, fue ensalzada por De la Torre como la joya de la corona de su nueva política cultural y de ocio.

Alrededor de una rica colección de piedras preciosas, de tapices y otras obras, el Consistorio buscaba potenciar Tabacalera como escenario de la apuesta por la Málaga oeste. Pero el Museo de las Gemas acabó por convertirse en el principal dolor de cabeza que viene padeciendo en los últimos mandatos el regidor. Muestra de ello es que aún hoy el Ayuntamiento reclama a los promotores de la iniciativa el reingreso de unos 6 millones de euros adelantados por las arcas municipales para el impulso de una iniciativa que apenas abrió sus puertas de manera fallida una hora.

Sin alcanzar la dimensión de fiasco del espacio de las piedras preciosas, el otro icono cultural promovido en Tabacalera, el Museo del Automóvil, no cumple las expectativas que se pusieron sobre el mismo. Incluso, en los últimos tres ejercicios, el Ejecutivo local ha incumplido su idea de no poner un solo euro municipal en al explotación de este equipamiento, alcanzando ya los 850.000 euros tales aportaciones.

La recuperación de Tabacalera, acontecimiento que fue tildado como "histórico" por el alcalde, no le salió para nada gratis a la Corporación. La rehabilitación de las instalaciones, parte de las cuales albergan desde hace años usos institucionales de la propia Administración local (caso de la sede de Gestrisam, el área de Movilidad...), acabó costando de orden de 56 millones de euros, incluyendo en los mismos tanto la parte cultural como la administrativa.

Sólo el contrato para los citados museos se elevó, tras sendos modificados, a casi 32 millones de euros. Pero estos números crecen de manera exponencial si se incluye en la ecuación lo que 'pagó' el Ayuntamiento a Altadis para poder disponer de estos edificios históricos. El convenio urbanístico firmado en 2003 con la entidad francesa suponía la recalificación de los 33.000 metros cuadrados de suelo localizados en la trasera de la fábrica, que cerró sus puertas en 2000 y supuso el despido de 158 trabajadores. Los mismos pasaban de tener uso industrial a residencial. Pocos años más tarde, Altadis logró vender en subasta esta pastilla por 67 millones.

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