Las malagueñas acortan sus bajas maternales para hacer frente a la crisis

  • Un estudio indica que las españolas tardan cuatro años en volver a su puesto después de tener un hijo, pero en Málaga el tiempo se reduce considerablemente

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Las mujeres malagueñas saben que no pueden quedarse demasiado tiempo en casa para cuidar de sus recién nacidos. Una vez finaliza la baja maternal de cuatro meses, la mayor parte de ellas decide volver al trabajo y dejar a sus hijos en cuidado de sus familiares. "Con ese tiempo los bebés son todavía muy pequeños para alejarse de ellos, pero me hacía falta y tuve que irme a trabajar", asegura María Dolores Vargas. "Con toda la ilusión me hubiese quedado más tiempo en casa, pero cuando no se puede, no se puede", añade. Como ella, miles de madres de la provincia de Málaga vuelven a los cuatro meses o alargan hasta el año con excedencias sus bajas maternales. Pero poco más. Y ello a pesar de que un estudio realizado por el Instituto de Investigación Social y Económica de la Universidad británica de Essex refleja que las españolas tardan una media de cuatro años en volver al trabajo después de tener a sus hijos. El estudio, dirigido por la economista Chiara Pronzato, señala como causa el elevado coste de una plaza en guardería o de una cuidadora frente a los bajos salarios que aún perciben muchas mujeres.

Pero en tiempos de crisis hay que apretarse el cinturón. Y, aunque el sueldo medio femenino está en sólo 11.633 euros (5.000 menos que los hombres), ese dinero es necesario en las familias. A las hipotecas y los gastos comunes hay que unir el de los alimentos y todo lo que necesita un niño pequeño y los 300 euros de guardería, "por lo que quedarse en casa es hoy prácticamente imposible", añade María Dolores. En su empresa, Eurocem, el 90 por ciento de las compañeras no superan los 12 meses de baja para volver al trabajo. "Es lo normal, porque tienen que estar muy bien económicamente para poder quedarse en casa o tener ya una edad en la que la hipoteca esté casi pagada", dice Victoria Rodríguez, responsable del Área de la Mujer de CCOO.

Según cuenta, muchas madres consiguen alargar la baja maternal un mes al acumular las horas de lactancia a las que tienen derecho. Pero después se incorporan a su puesto de trabajo. Eso sí, la mayoría también recurre a la reducción de jornada para no dejar "totalmente abandonado" a su pequeño.

En el sindicato también apuntan que la vuelta se realiza con rapidez por el temor a perder el empleo. De hecho, su homóloga en UGT, Mónica Palomo, afirma que en muchas ocasiones las madres se encuentran que su puesto de trabajo está ocupado y que las empresas les ofrecen otro "que en principio es de la misma categoría pero luego no es tal". "Y empiezan los problemas", añade la sindicalista. Pero las mujeres aguantan lo que pueden porque necesitan trabajar, "aunque hay momentos en los que llegan al límite y se van". "Muchas optan por quitarse del medio y evitar problemas, porque bastante tienen ya con cuidar a su pequeño y afrontar todos los nuevos gastos y los antiguos como para meterse en temas judiciales", puntualiza Victoria Rodríguez.

Los embarazos, según CCOO, suponen el 60 por ciento de los problemas laborales de las mujeres. Y el peor caso es el de las madres que tienen contratos temporales o por obra y servicio: en el momento que comunican su embarazo, los empresarios hacen lo posible por que este trabajo finalice y pueden despedir a las mujeres, "y si no, ponen excusas de disminución de producción o en los hoteles que ha bajado la ocupación y así se cubren las espaldas", asegura Palomo. Entre ambos sindicatos reciben cada año más de 2.000 consultas por problemas laborales de las madres.

Algo similar ocurrió a una mujer que prefiere mantenerse en el anonimato y que trabajaba en una subcontrata de Correos. Cuando dijo que iba a tener un hijo, empezó a sentirse observada. "Los jefes me miraban mal", sostiene. Luego se dio de baja antes de tiempo porque sufrió un accidente con el coche y temía tener otro que afectase a su embarazo y, cuando se incorporó, le dijeron que la cambiaban de departamento porque sus responsables tenían quejas de ella. "Nunca me habían dicho nada ni hice nada mal, pero me trataron fatal", añade. Aceptó el cambio pero luego le invitaron a irse, llevarse su finiquito y que se lo tomara "como unas vacaciones pagadas". "Al final me tuve que ir porque no aguantaba la situación. Pero es una situación de impotencia grandísima que ya no quiero volver a pasar". "Si llego a saber todo los problemas laborales que me ha conllevado ser madre y las dificultades económicas por las que pasamos ahora, no hubiese tenido a mi niña. Es la primera y la última que tengo", añade la mujer.

Situaciones como ésas son las que denuncian los sindicatos, pero también entidades como la Federación de Familias Numerosas. Un estudio de esta entidad pone de manifiesto que dos de cada tres mujeres reducen su jornada laboral cuando tienen un hijo. Y piden a los empresarios que adopten todas las medidas necesarias para proteger a las mujeres que vayan a ser madres "o en cualquier otro tipo de aspecto de la maternidad", en palabras de su presidente, Ángel González. "Hay que garantizar que, una vez decidan volver, las mujeres deben tener todas las garantías de que su puesto de trabajo será el mismo", afirma González, que destaca la importancia de impulsar medidas de conciliación de la vida laboral y familiar.

Es lo que ha hecho María Dolores Vargas, que después de tener a su hija pidió que le cambiaran el horario de trabajo para poder prestar más atención a su pequeña. Aunque tiene que llegar más pronto, a las 8.00, eso le permite pasar toda la tarde con su hija y sólo tiene que pedir ayuda a sus padres para llevarla al colegio. "Lo bueno es que si tiras de familiares es todo mucho más fácil, como me ha ocurrido a mí", concluye María Dolores.

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