Los mecánicos que amaban la electrónica

  • Tres jóvenes en paro crean un taller muy especializado en reprogramación de motores y coches de carreras

Los vehículos dependen cada vez más de la electrónica y cualquiera no es capaz de arreglar o incluso de detectar una avería. Incluso entre los propios mecánicos. Eso permite la apertura de un nuevo nicho de mercado que Pedro Valencia, Bruno Canales y José Iglesias han sabido ver y que están explotando, a través de la empresa Diagnostics & Remapping Solutions (DRS), desde el pasado mes de diciembre en Málaga.

Su historia une la pasión por el automóvil y una circunstancia desfavorable como el desempleo. Valencia y Canales eran vecinos desde adolescentes y compartían la afición por el mundo de los coches. De hecho, Valencia estudió ingeniería industrial en la rama de mecánica y Canales mecánica. "Como hobby me dedicaba a programar y modificar los módulos electrónicos que controlan los motores de los coches", recuerda Pedro Valencia. En esa época conocieron a José Iglesias, que es informático y gran aficionado al motor.

Con la crisis todos se quedaron en paro y surgió la posibilidad de montar su propia empresa entre los tres, "porque cada uno tiene su especialidad y somos complementarios". Obtuvieron un microcrédito de Caixabank de 20.000 euros para comprar las herramientas necesarias y los tres socios aportaron otros 10.000 euros en materiales. Alquilaron una nave en el polígono El Viso de la capital y arrancaron el negocio en diciembre.

DRS tiene tres líneas específicas de trabajo que les hacen diferenciarse de cualquier taller normal. De hecho, comentan que solo hay uno similar en Torremolinos en toda la provincia. Una de sus áreas fuertes es la diagnosis electrónica del automóvil, es decir, actualizar módulos y controlar averías. "En un coche medio hay 10 ó 12 unidades de control electrónico y nosotros tenemos la maquinaria especializada para atender casi todas las marcas, por lo que un 70% de nuestros clientes son enviados por otros talleres", explica Valencia.

La segunda línea de negocio es lo que llaman remapping o reprogramación. Este profesional afirma que los fabricantes de automóviles limitan electrónicamente la potencia de los motores para no tener que fabricar varios. Dicho de otra forma, un fabricante hace un motor con una capacidad máxima y lo capa con un determinado número de caballajes para no tener que producir varios motores distintos, lo cual les resultaría más costoso. "Hay motores que pueden pasar de 110 a 180 caballos de vapor solo por cambiar una configuración electrónica", indica Valencia, quien afirma que el precio de esta reprogramación oscila entre los 250 y los 2.000 euros. Este experto asegura que esta práctica es legal siempre y cuando se homologue la especificación, algo que requiere un proyecto por parte de un ingeniero técnico industrial.

La parte más llamativa y la que más les gusta a estos tres empresarios es la relacionada con los vehículos de competición. Modifican sus motores desde el punto de vista mecánico y electrónico y trabajan habitualmente con vehículos históricos en las carreras como un Audi 4 del 89, un Lancia Delta Integrale o un Porsche. A simple vista parecen coches demasiado antiguos, pero son joyas para los particulares que los usan en campeonatos de rally o pista tanto a nivel regional como nacional. Y cuestan un pastón.

Valencia asegura que están "contentos" con el funcionamiento de la empresa en estos primeros meses de vida. Incluso ya se han permitido el lujo de patrocinar una carrera de 24 horas en el circuito Ascari de Ronda y de contratar a un cuarto empleado, así como a un joven en prácticas. Siendo expertos mecánicos, una pregunta salía casi sola de la garganta. ¿Qué le pasa al equipo de Fernando Alonso? "Arriesgaron con un equipo nuevo y les ha salido mal, por lo que ahora es muy difícil cambiar eso", dicen con cierta cara de resignación. El piloto asturiano podría darse un paseo por este taller malagueño para encontrar alguna solución.

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