El menú diario

AUNQUE en la actualidad las cosas han cambiado mucho, los trabajos portuarios; especialmente los realizados a pié de muelle, siempre han sido unos trabajos muy duros. Y aunque podría pormenorizarles acerca de estos trabajos; los puertos siempre han tenido infinidad de operarios dedicados a tareas muy diversas, sin duda alguna, los trabajadores que han "lidiado" con las faenas más duras, han sido desde siempre, los estibadores.

Dedicados a la carga y descarga de buques; los estibadores han pasado de ser unos trabajadores nada cualificados (hace de esto sólo unos cuantos años, para ser estibador sólo hacía falta tener unas buenas espaldas para cargar sacos), a convertirse en unos operarios muy especializados. Unos trabajadores indispensables para la buena operativa en cualquier puerto del mundo.

En un interesantísimo documento que rescaté en un archivo de nuestra ciudad; un investigador interesado por la vida de los estibadores malagueños, reseñaba cual era la comida tipo de estos trabajadores portuarios. Un menú, que da una muy clara visión de cuales eran las condiciones de vida de los estibadores malagueños de principios del siglo XX.

Una pieza de pan (una torta de a kilo, según reseña el documento), pescado seco o en salazón, algo de tocino y un caldo de "sopones" (caldo al que se le añadía parte de la torta de pan), componían el alimento de un estibador malagueño en una jornada de, al menos, doce horas a pie de muelle. El vino, que en diversas cantidades, llevaban a los estibadores los "suministradores" (de los cuales ya les hablé en una ocasión), completaba el pobre menú diario de los más duros trabajadores portuarios de nuestra ciudad, allá por el mil novecientos.

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