Dos meses en el oasis

  • De la Torre recibió ayer a algunos de los menores saharauis que pasarán el verano en la provincia procedentes del campo de refugiados de Tinduf

El Salón de los Espejos del consistorio de Málaga se convierte, de pronto, en una sala de juegos. Una treintena de niños llenan el Ayuntamiento con sus correrías y griterío. Ellos son una parte de los menores saharauis que disfrutarán este verano de la provincia de Málaga. Escapando, por dos meses, de una cruda realidad en el campo de refugiados de Tinduf (Argelia, lugar en el que viven el resto del año).

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, dio ayer la bienvenida oficial a esos 81 saharauis que este año van a pasar el verano en la Costa del Sol. Menores de entre 8 y 14 años de edad que llegaron ya hace un mes. Dándole tiempo a adaptarse, conocer a las familias y aprender algo de español.

Esta iniciativa solidaria lleva realizándose cada época estival desde hace 20 años bajo la denominación Vacaciones en Paz y organizada por la Asociación Malagueña de Amigos del Pueblo Saharaui junto con la Federación Andaluza de Asociaciones Solidarias con el Sáhara y el resto de asociaciones de Andalucía.

Aunque pasa por malos momentos económicos. Hace tres años, el número de niños acogidos en la provincia ascendía a 101. En el pasado, los ayuntamientos y la diputación de Málaga apoyaban económicamente al proyecto. No obstante, el consistorio de la capital continúa participando en la iniciativa con 8.000 euros, comenta la presidenta de la Asociación Malagueña de Amigos del Pueblo Saharaui, Isabel González.

Pero la mayor parte del esfuerzo económico es aportado por las familias receptoras junto a unos pequeños ingresos conseguidos a través de una serie de actividades de la asociación.

El salón de los Espejos, antes de convertirse en sala de juegos, escuchó atento el aséptico aunque afable discurso del alcalde, Francisco de la Torre.

Aséptico comparado con la emoción de las palabras de Isabel González o la fortaleza del discurso de Abdalá Jalil, delegado del Pueblo Saharaui en Málaga. "Queremos que España dé un paso adelante para que deje de ser parte del problema y comience a ser parte de la solución", espetó Jalil.

Un problema, el del pueblo saharaui, que cumple 40 años. "Fue la única colonia del mundo que en su proceso de descolonización cambió de manos", recuerda Antonio Moya, ex militar español que estuvo destinado en Marruecos desde el 1954 hasta el 1964.

"Los saharauis pasaron de ser españoles a vivir en campos de refugiados fuera de su propia tierra", se lamenta el ex militar. "Es la única forma que tenemos de ayudar a esta gente, que está viviendo una injusticia. Y, además, los niños nos devuelven la alegría, si no fuera por ellos, nunca habríamos vuelto al Tívoli o al Aquapark".

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