Una movilización histórica

  • Miles de malagueñas se lanzan a la calle en la manifestación feminista más numerosa en la historia de Málaga

  • Las impulsoras de la marcha cifran la asistencia en 50.000 y la Subdelegación en "más de 10.000"

Una movilización histórica. Una movilización histórica.

Una movilización histórica.

Encarna es ama de casa, y ayer le dejó claro a su marido que ella se iba a poner en huelga. "El reparto de tareas es uno de los grandes debates silenciados de este país, en el 2018 ya no podemos cargar con todo nosotras", señala, al tiempo que admite que ya ha dado un "ultimátum" al respecto a su cónyuge, a su lado en la manifestación de ayer. Él no ha sido el único que ha recibido uno, Málaga en su conjunto escuchó ayer los gritos de miles de personas -50.000 según la coordinadora 8M y más de 10.000 de acuerdo con la Subdelegación del Gobierno- en la manifestación del Día de la Mujer más amplia en la historia de la ciudad.

El hartazgo fue ayer la música de fondo de una concentración en la que mujeres de todas las generaciones se dieron la mano para reclamar por sus derechos. "Sin nosotras no se mueve el mundo" fue uno de los cánticos más repetidos por las manifestantes, que exigieron en centenares de pancartas una pacto de Estado contra la violencia de género o medidas sobre la conciliación laboral y para poner fin a la brecha salarial.

Muchas de las presentes afirman que no han podido seguir la huelga o al menos los paros de dos horas a los que alentaban los sindicatos mayoritarios, por ello vieron en la concentración de la tarde la manera en la que hacerse oír. Lola, que es enfermera, es una de ellas. Por la mañana tuvo que cumplir los servicios mínimos estipulados por su centro de salud. Ella ve en la deriva de privatización de la sanidad una vía en la que la brecha salarial podría aumentar: "[En la sanidad privada] hay enfermeras que ganan menos que los enfermeros y se les aprieta mucho en lo que corresponde a la conciliación de la vida personal y familiar. Y eso se les retrae del sueldo. Tenemos que asegurarnos que no se privatice nunca la sanidad".

Lola vivió en su piel la discriminación laboral cuando fue despedida de joven de un laboratorio en el que trabajaba como auxiliar de enfermería: "Cuando me correspondía subir de categoría, lo que conllevaba una subida de sueldo, me echaron". Precisamente los obstáculos que se ponen a la hora de promocionar es uno de los problemas principales que achacan las mujeres que trabajan en el funcionariado. La maternidad y los roles de género, claves para entender esa inercia: "Veo que en los puestos de administración la mayoría son mujeres, el tema de promocionar o ascender lo tenemos mucho más restringido por los cuidados familiares porque tenemos arraigado el cuidar de la familia y de los hijos", cuenta Laura, añadiendo que esta es una circunstancia que no le ocurre a su pareja.

Muchas ven en las entrevistas de trabajo casos de discriminación asimilada por la sociedad: "Una amiga mía que ha hecho una entrevista de trabajo reciente me dijo que lo primero que le preguntaron era si tenía hijos y si pensaba tener más. ¿Para desempeñar el puesto de trabajo qué tiene que ver eso?", indica Laura, que hizo el paro de dos horas por la mañana.

Quien no pudo secundarlo fue Fani, profesora de Educación Primaria: "Si no trabajaba me quitaban 100 euros, te dicen que tienes derecho a la huelga pero es mentira". Ella junto a Isabel, Carmen y Rafi aseguran que su generación, la entrada en los 60, ha pecado de omisión contra la discriminación: "Espero que la juventud venga con una mentalidad distinta porque los que salimos no supimos cambiar las cosas".

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