Un negocio con imprevistos

  • Un traficante explica que mató de un tiro a un vendedor de coca cuando discutía por la calidad de la droga · Confiesa que ocultó el cuerpo en una maleta y lo tiró en un arroyo

El cubano Lorenzo Raiden reconoció ayer ante un jurado popular que mató en abril de 2007 de un tiro en la cabeza al colombiano Rubén Darío P. por desavenencias en la compra de un kilo de cocaína. "Lo siento mucho. No era mi intención", se justificó al relatar que lo que en principio parecía un negocio simple, se le fue de las manos y acabó con un cuerpo abandonado dentro de una maleta junto al cauce de un arroyo. Lorenzo había acordado comprar un kilo de cocaína, pero cuando vio el material no estuvo de acuerdo ni con la cantidad ni con la calidad. "Era droga sintética, puro corte", explicó. Quiso renegociar el precio y entonces se produjo una discusión, la víctima hizo además de meter la mano en la mochila, él sacó su arma y efectuó un único disparo mortal contra Rubén Darío.

Lorenzo Raiden, su guardaespaldas y excuñado, Diego Fernán, y el intermediario en la operación, Alberto Giovanni, confesaron ayer su participación en el crimen tras alcanzar un acuerdo con la Fiscalía. Sólo negaron que la muerte hubiera previamente planificada con el objetivo de robar el estupefaciente. Simplemente sobrevino un malentendido en un negocio que "debería haber salido bien" porque la droga estaba y el dinero también, en palabras de Diego Fernán. Alberto Giovanni, de nacionalidad colombiana, se dio a la fuga, mientras que Raiden y su excuñado se ocuparon de limpiar el piso e introducir el cuerpo sin vida de Rubén Darío en una maleta que arrojaron en un arroyo próximo a El Higuerón, en Mijas. Aunque declaró que jamás tuvo intención de robar la droga, también contó al jurado que con posterioridad vendió la droga del muerto aunque a bajo precio, dados sus problemas de calidad.

La pista de Rubén Darío se perdió durante 19 meses, hasta que ya en noviembre de 2008 a un albañil que paseaba con su perro le llamó la atención la maleta y para su sorpresa descubrió en su interior los restos mortales. Hasta ahí nadie había podido vincular la desaparición de Rubén Darío con el cubano Lorenzo Raiden y los colombianos Diego Fernán y Alberto Giovanni. Sin embargo, una vez que apareció el cuerpo, los investigadores comenzaron a relacionar el crimen con el contenido de unas grabaciones telefónicas realizadas un año antes por el Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado (Greco) durante la investigación de la operación Charlot.

En junio de 2007 los Greco seguían la pista a una organización sospechosa de utilizar embarcaciones recreativas para introducir droga en grandes cantidades en la Costa del Sol. A finales de ese mes fueron detenidos Lorenzo Raiden y otros 15 hombres en una actuación que permitió decomisar 1.700 kilos de hachís en Cabopino (Marbella).

En marzo de 2009, cuando por fin los agentes pudieron atar cabos y aclarar la desaparición y muerte de Rubén Darío, Lorenzo Raiden estaba encarcelado en Alhaurín de la Torre, Alberto Giovanni en Zuera (Zaragoza) y Diego Fernán en Valencia. La Fiscalía exigía inicialmente 18 años de prisión para los tres acusados por asesinato. Sin embargo, ayer al comienzo de la vista oral la fiscal del caso hizo saber al jurado popular que el acuerdo alcanzado con los imputados les permitirá "una leve" reducción de la condena, de acuerdo con lo previsto en la ley.

El crimen de la maleta de Mijas no es el único que los investigadores atribuyeron a Lorenzo Raiden y sus hombres. También los implicaron en la muerte violenta de Víctor Nelson, un colombiano de 60 años cuyo cuerpo sin vida apareció en mayo de 2007 en el paraje La Coja, de Benahavís. De hecho, la Policía y la Guardia Civil crearon un grupo conjunto para investigar ambos crímenes que habían sucedido apenas con unos días de diferencia. En los dos se hallaron algunos rasgos comunes como la nacionalidad de las víctimas y el disparo que acabó con sus vidas.

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