Un negocio 'redondo' que a veces termina saliendo rana

Los propietarios de los locales llevaban 20 años esperando la fecha mágica: 1 de enero de 2015. El día a partir del cual iban a poder cobrar un precio de mercado por sus inmuebles, que supera hasta en un 400% lo que perciben actualmente de sus inquilinos de renta antigua, los de toda la vida. En la calle Larios, por ejemplo, el precio de mercado oscila entre los 140 y los 200 euros por metro cuadrado, por lo que se está pagando unos 40.000 euros mensuales por un local con 250 metros cuadrados, una cifra desmesurada para negocios tradicionales pero asequible para las grandes multinacionales. Solo hay que ver qué ha quedado en Larios para comprobarlo. En el resto de calles adyacentes el precio no es tan alto, pero sí es considerable.

En esta coyuntura, el negocio parece redondo. Los arrendadores pueden cobrar mucho más por sus locales sin tener que mover un dedo, simplemente echando a los anteriores inquilinos y esperando a que llegue la gran empresa de turno. Pero hay un matiz. Tiene que haber alguien dispuesto a pagar ese nuevo precio. Y no siempre es fácil. En Larios, la calle por la que supuestamente se pelean todas las grandes cadenas, hay un local que antes ocupaba una óptica que lleva muchos meses cerrado a la espera de inquilino, con la consiguiente pérdida de dinero que supone para el propietario. Dicen los expertos que la dificultad de ese local es que es pequeño y hace esquina, por lo que no permite grandes florituras.

"Se puede pedir por un local lo que se quiera pero hay que tener los pies en el suelo y saber cuáles son las condiciones de mercado porque en Málaga hay muchos carteles de se alquila", señala Javier Gutiérrez, abogado de Martínez Echeverría. Este letrado pone dos ejemplos reales. Uno de ellos es un negocio de mercería. El propietario finiquitó el contrato de alquiler con los inquilinos anteriores y, tras varios meses sin recibir ofertas, ha tenido que recular y ha llamado a los hijos del anterior arrendatario por si quieren volver. Otro caso es del una cafetería. Pagaba 7.000 euros al mes, el dueño quería más y cerraron, despidiendo a cinco personas. El local, varios meses después, sigue vacío.

Muchos negocios nuevos apenas duran seis meses, pero en los casos en los que sí hay demanda es tal la rotación que el propietario del inmueble prefiere jugar a esa ruleta antes que seguir apostando por la estabilidad del comercio que llevaba toda la vida y que paga, aunque sea menos. También se están viendo casos de propietarios que se cerraron en banda a negociar, ahora están en concurso de acreedores y quieren pactar rápido.

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