Una novia a la carrera

  • Una joven llega una hora tarde a su boda porque la Policía no la deja pasar con el coche pese a tener permiso · El Ayuntamiento deberá indemnizar a la pareja

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Con sólo 21 años, Ana Belén Quirós tenía programada su boda al detalle. Después de varios meses de preparativos, jamás se hubiera imaginado que iba a entrar en la iglesia sola y llorando, una hora tarde y después de haber recorrido a toda prisa y vestido en mano más de 700 metros. El padrino no llegó hasta diez minutos después que ella con los niños que portaban las arras en brazos.

Ana Belén y su novio Juan José Rivas se casaron el 7 de mayo de 2005 en la iglesia de la Encarnación de calle Compañía. Como habían hecho antes otros novios, pidieron permiso al Ayuntamiento para poder circular por esa calle peatonal con el coche hasta la puerta de la iglesia. Pero llegado el momento, la Policía Local les impidió el paso porque ese mismo día transitaban por varias calles del centro las cofradías que iniciaban su camino al Rocío. "Yo había caído en eso y cuando fui a recoger el permiso al Ayuntamiento lo advertí, pero me dijeron que no tendría problemas porque el papel estaba firmado por la concejal", explica enfadado Juan José.

El chófer intentó entrar por calle Compañía, primero; luego por la Plaza de la Merced, por calle Nueva. Imposible. Al final tuvieron que dejar el coche en el Puente de la Esperanza y recorrer a toda prisa los casi 800 metros que les separaban de la iglesia.

Ahora, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo Número 4 de Málaga ha condenado al Ayuntamiento a pagar a los novios, representados por el abogado David Armada, una indemnización de 3.000 euros por "daño moral identificado con el grave disgusto y las molestias infligidos a los novios en un día tan significativo", dice la sentencia.

"No entiendo cómo los policías ven a una mujer vestida de novia que se baja del coche llorando con su permiso y no la dejan pasar, no me lo explico", insiste Juan José, empleado del aeropuerto y que en ese momento tenía 31 años.

Después de que la ceremonia arrancara con una hora de retraso ya todo empezó a ir mal. "Nos quedamos sin tiempo para hacernos las fotos donde habíamos planeado, tuvimos que improvisar otro sitio y mi mujer tuvo que comprar maquillaje en unos 'chinos' para retocarse después del llanto y el sudor de la carrera". Tampoco disfrutaron de los aperitivos del convite porque cuando llegaron casi a las cuatro y media de la tarde, se sirvió el almuerzo. La pareja valoraba los daños por las fotos y los entremeses en 2.700 euros, pero éstos no han sido reconocidos por el fallo. En algo sí tuvieron suerte: no había otra boda después, el párroco tuvo paciencia y los casó. Una boda maltrecha, pero hoy un matrimonio feliz.

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