A órdenes

CUANDO un barco; tras realizar una descarga u otra operación, permanece parado a la espera de un nuevo destino, se dice que queda a órdenes.

Y aunque esta expresión, una más de las muchas que se usan dentro del argot marítimo, podría parecer algo sin demasiada repercusión; la verdad es que ésta, ilustra una situación bastante preocupante para el armador de cualquier barco. Mantener un buque parado mientras se negocia un flete, constituye una muy considerable pérdida económica.

Así pues; y teniendo en cuenta lo que significa esta expresión, les diré que tanto en Málaga como en cualquier otro puerto del mundo, en los últimos años, los barcos a la espera de órdenes son cada vez más numerosos.

Los costes de los fletes y la supremacía de las grandes navieras en detrimento de las pequeñas compañías, entre otras circunstancias, constituyen los principales factores que llevan a muchos buques a permanecer durante días, e incluso semanas, atracados en puerto o fondeados en radas a la espera de un destino y cualquier tipo de carga.

En nuestro puerto, esta situación se ha convertido en algo relativamente habitual; y en las listas de atraques de Málaga, no es nada raro ver barcos que tras realizar aquí una descarga, quedan a órdenes.

Con todo esto y teniendo en cuenta las muy particulares "órdenes" que reciben algunos de los portacontenedores que vienen a Málaga -tras realizar una descarga quedan fondeados en nuestra bahía, para horas más tarde, volver a atracar y completar su carga- quizás, la anécdota más curiosa al respecto de las órdenes que unos buques han recibido en nuestro puerto, ocurrió en la década de los años setenta. Aunque esa historia se la contaré en otra ocasión.

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