El orgullo de haber estudiado en Maristas

  • El colegio cambiará de ubicación por quinta vez · Antiguos alumnos dicen que su paso por allí les marcó para toda la vida

El sonido de las canciones como Montañas Nevadas mientras los alumnos se ponían firmes ante los profesores es uno de los recuerdos que aún permanece entre los antiguos alumnos del colegio Maristas de Málaga. También los partidos de fútbol en el antiguo terreno de juego o la estampa en una de sus esquinas del hermano Eugenio, al que los niños llamaban el Pichi, bajo una sombrilla controlando que todos los chavales se portaran bien durante el recreo.

Estos y otros muchos recuerdos son los que permanecerán en la memoria de Málaga a pesar de la futura mudanza del centro educativo, que en un plazo de cinco años se irá hasta Ciudad Jardín para dejar su sitio a 200 viviendas y casi un millar de aparcamientos. Es el quinto cambio de su historia, tras las sedes en calle Santa María, Paseo de Sancha, Marqués de Valdecañas y calle Victoria desde 1948. "Pero es algo normal. Los cambios hay que afrontarlos positivamente y el colegio necesita más espacio para poder proseguir con su labor educativa", dice Adolfo Gabrieli, antiguo alumno del centro y presidente del Colegio de Economistas. Como él, otras muchas personalidades malagueñas han pasado por las aulas de Maristas: desde el alcalde, Francisco de la Torre, al pintor Eugenio Chicano.

El de Gabrieli es uno de los ejemplos de las miles de vidas apegadas al colegio Maristas. Pasó 14 años en sus aulas a finales de los cincuenta y durante toda la década de los sesenta. Más tarde sus hijos también pasaron por allí y él nunca se ha despegado participando en la Asociación de Antiguos Alumnos. "La formación ha cambiado, pero el carisma y el espíritu de Maristas siguen presentes", añade Gabrieli.

"El balance de mi paso por el colegio es muy bueno", añade Pedro Merino. El que fuese secretario provincial del PA en Málaga y pregonero de la Semana Santa en 2007 recuerda la disciplina que le enseñaron en el colegio. Lo que peor le supo repetir el primer curso porque no tenía la edad para entrar en Segundo. Nació el 18 de enero y si lo hubiese hecho el 31 de diciembre del año anterior sí podría haber pasado. Ello le repercutió en formar parte de la EGB "y tener que cursar también tercero de BUP, que antes no existía". Así que por 18 días tuvo que estudiar dos cursos más.

"Yo del que me acuerdo era del hermano Marcelo, que también cuidaba de los recreos y nos pegaba un cachetazo por casi cualquier cosa y también las muchas veces que me raspé las rodillas en el campo de fútbol", añade Jesús Saborido, otro antiguo alumno de los años 50. El terreno fue sustituido en una remodelación por un polideportivo donde empezó a gestarse la gran cantera de balonmano y baloncesto del colegio.

"Yo era suplente, pero en cadetes ganamos el campeonato de España", añade Pedro Merino. Pero la tradición deportiva derivó en los cuatro años al máximo nivel del Mayoral Maristas en la ACB o los cinco del Puleva Maristas en la de balonmano. De ahí salieron nombres como el de Antonio Carlos Ortega, mejor extremo de la historia española. "Lo que más me acuerdo es que de pequeño nos conocíamos todos en el club: desde los jugadores alevines hasta los mayores y el ambiente era espectacular", asegura Ortega. Otros esperan que el fútbol reaparezca en Ciudad Jardín, donde el colegio Maristas de Málaga seguirá su labor educativa en base a tres pilares que sus alumnos tienen casi grabados en la frente: humildad, sencillez y modestia.

Eso sí, diversas fuentes consultadas por este periódico aseguraron que en el centro existe cierto malestar por el traslado, ya que varios profesores del colegio Maristas conocieron la noticia de la mudanza por los medios de comunicación. Y la directriz es no hablar del tema.

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