Casi 50 pacientes recuperan cada año la visión por un trasplante de córnea

  • El Hospital Carlos Haya aplica una técnica que sustituye sólo la capa dañada, en lugar de toda esa parte del ojo · Es menos agresiva y a la vez reduce las complicaciones

Es quizás el trasplante del que menos escriben los periodistas. Siempre queda eclipsado por los de órganos y como mucho se despacha en un párrafo. Pero cada año los trasplantes de córnea devuelven la visión a cerca de medio centenar de pacientes. Un enfermo que necesita esta operación no ve y le duele. "Con el trasplante le hacemos dos favores. Darle vista y quitarle dolor", resume el oftalmólogo del Hospital Carlos Haya Rafael Garín. El especialista explica que la córnea es el tejido más sensible del organismo porque tiene la mayor concentración de terminaciones nerviosas. De ahí que sea tan doloroso cuando a alguien le meten un dedo en un ojo. La córnea cierra por delante el ojo y es transparente. "Es el cristal del ojo", apunta Garín.

Un trasplante puede ser necesario por una enfermedad hereditaria (distrofia de Fuchs), por un herpes, por su deformación producida por una patología (queratoconos) o por daños derivados de una cirugía ocular. Estas causas más o menos se reparten a proporciones similares. Habitualmente, los pacientes jóvenes tienen que entrar en quirófano por problemas derivados de una cirugía anterior o por deformaciones de la córnea; mientras que los mayores requieren trasplantes generalmente por un herpes o por una dolencia hereditaria. Hasta hace unos años se trasplantaba la córnea completa. Pero el Hospital Carlos Haya ya ha convertido en rutina una técnica que permite trasplantar sólo la capa deteriorada de la córnea (trasplante lamelar). La ventaja de esta nueva modalidad es que es menos agresiva, genera menos rechazo y tiene menos complicaciones. Exige, eso sí más trabajo al cirujano. Mientras el trasplante completo de córnea dura unos 55 minutos, el lamelar puede prolongarse noventa. "Hay un fallo en una parte de la córnea y se recambia solo esa parte. Es una cirugía más difícil. Es de las técnicas más complejas en Oftalmología", apunta Garín. Pero tiene muchas ventajas para el paciente.

El año pasado, el Carlos Haya realizó 47 trasplantes de córnea. En 2010, 36 y en 2009, 42. Desde que se puso en marcha este programa en 1983, más de 600 pacientes se han beneficiado de un trasplante. Garín comenta que debido a que como la córnea es una parte del cuerpo en la que no hay vasos sanguíneos, el organismo no detecta el trasplante como un elemento extraño y hay menos rechazo que en los de hígado o riñón. "Es de los trasplantes más exitosos", asegura. Por eso, salvo contadas excepciones, tras la operación el enfermo no tiene que tomar una medicación antirrechazo y en caso de que se produzca basta con un tratamiento local, sin necesidad de inmunosupresores.

En la actualidad hay ocho pacientes esperando un trasplante de córnea. La lista de espera no suele sobrepasar de los seis meses y solo depende de que haya donantes. Según Garín, hay bastante equilibrio entre las donaciones y las necesidades de trasplante. La mitad de los pacientes suelen necesitar la intervención en un ojo, pero en otro tanto, la operación es imprescindible en los dos. Cuando se pregunta sobre la mano que debe tener un oftalmólogo para operar algo tan sensible como los ojos, Garín dice que la clave consiste en estudiarse muy bien las técnicas: "Hay que tener codos, no manos".

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