Un paraíso morisco por conocer

Frigiliana

En la zona más oriental de la comarca malagueña de la Axarquía, en el Parque Natural de las Sierras de Almijara, Tejeda y Alhama, se descubre, asomada al Mediterráneo, la Villa de Frigiliana, con una población aproximada de 3.000 habitantes. A 300 metros sobre el nivel de mar y con un microclima subtropical surge, como despertando del pasado, su elogiado y premiado casco histórico, de herencia morisca, donde las calles estrechas, sinuosas y empinadas, los pasadizos, adarves y revellines forman un singular entramado urbano de pequeñas casas que se encaraman unas sobre otras. Frigiliana es el sitio perfecto para acercarse a la influencia morisca que tanto marcó el desarrollo de los pueblos en la Andalucía musulmana.

Se trata de una estructura a la que muchos han calificado como el conjunto arquitectónico popular de origen árabe más puro de la provincia de Málaga. Entre los reconocimientos oficiales otorgados destaca el Primer Premio Nacional de Embellecimiento de los Pueblos de España. Entre sus monumentos más destacados destacan la Cueva del Murciélago, que pertenece a periodo del Neolítico; el Castillo Árabe, construido a finales del siglo IX y destruido en 1569 tras la Batalla del Peñón, y la iglesia de San Antonio, que data del siglo XVII y que fue financiada por los Manrique de Lara, de estilo renacentista y terminada en 1676 por el maestro mayor Bernardo de Godoy, entre otros monumentos.

Frigiliana cuenta con una amplia cartera de servicios turísticos para satisfacer al visitante. Una variada gama de alojamientos -hoteleros, apartamentos y casas rurales- y un buen número de restaurantes que ofrecen todo tipo de variantes de la cocina local, nacional e internacional.

El choto frito en salsa de almendras, los variados potajes de verduras frescas, mención destacada merece el potaje de bacalao en Semana Santa (manteniendo así la tradicional Cuaresma), o las migas son algunos de los platos típicos de la cocina autóctona, todo ello elaborado con aceite de sus olivares y regados con los ricos caldos moscateles de sus viñedos. Tampoco se pueden olvidar las recetas elaboradas a base de la miel de caña: berenjenas fritas con miel de caña, arropía o las marcochas. Algunas tradiciones artesanas autóctonas perviven en Frigiliana, y materiales como el esparto, las calabazas de agua, la cera, el cristal, la arcilla, madera o lana se convierten en bellas obras de singulares acabados que pueden adquirirse en los comercios del casco histórico.

Frigiliana celebra sus fiestas patronales el 20 de enero (San Sebastián) y el 13 de junio (San Antonio), ésta última coincide con la Feria, de entre cuyos actos destaca la romería, por su especial interés al conmemorar la victoria cristiana sobre los moriscos en junio de 1569.

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