¿Qué pasó con los mamíferos cuando se secó el Mediterráneo?

  • Proyecto. El grupo de paleontología de vertebrados de la UMA inicia una línea de investigación para determinar el impacto del cambio climático en los vertebrados hace siete millones de años

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¿Cómo eran los mamíferos en la península ibérica hace siete millones de años? ¿Cómo influyó en la fauna la desecación el Mediterráneo? Estas son las preguntas que el grupo de paleontología de vertebrados de la Universidad de Málaga pretende responder en una nueva línea científica que aborda tras concluir un proyecto en el que junto a la estadounidense Christine M. Janis ha comprobado cómo cada cambio de temperatura que ha experimentado la Tierra ha provocado profundos cambios en la fauna de grandes mamíferos en el norte de América.

Este estudio sobre la influencia de los cambios del clima en la evolución de los mamíferos se publicó el año pasado en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) la gran revista científica de la paleontología internacional. Esta publicación debe mucho a la estancia del investigador Borja Figueirido en la Universidad de Brown, precisamente el centro en el que trabaja Christine M. Janis y donde el malagueño aplicó el método estadístico ideado por el marido de la profesora Janis, ya fallecido. En el estudio se observó que al menos cuatro de los seis grupos registrados en la evolución de la fauna están relacionados con cambios importantes en el clima.

"El interés ahora es estudiar la península ibérica porque su posición bioclimática y proximidad a África la hacen muy interesante", explica el profesor Juan Antonio Pérez Claros. Pone el acento en los fenomenales depósitos de sal -que todavía perviven en parte- generados por la desecación del Mediterráneo durante la denominada crisis del Messiniense y advierte el interés de conocer el pasado precisamente para comprender mejor las transformaciones que puede implicar el cambio climático.

El grupo de paleontología de la Universidad de Málaga desarrolla estudios paleobiológicos y evolutivos de vertebrados pertenecientes al Neógeno (entre 23 y 3,6 millones de años). En el segundo campo de investigación han puesto al descubierto, por ejemplo, el origen africano del toro. Si hasta ahora se daba por sentado que tanto el toro como el bisonte procedían del Leptobos (bóvido de Eurasia), los estudios biométricos desarrollados por el equipo malagueño indican que el bisonte actual está, efectivamente, emparentado con el Leptobos, mientras que el Bos (antecedente del toro), tiene su origen en el Pelorovis africano, otro bovino que suele aparecer con frecuencia en los yacimientos de este continente. Esta conclusión se ha alcanzado tras comprobar cómo ha evolucionado la morfología craneal en cada especie a lo largo del tiempo.

Este tipo de mediciones también las han realizado con homínidos observando, contra todo pronóstico, cómo se mantienen algunos de los rasgos ancestrales hasta la actualidad. A lo largo de la evolución el neurocráneo del homínido ha ganado tamaño mientras se reducía el tamaño de la cara. "La singularidad es que esa señal se mantiene y todavía hoy los humanos que tienen el neurocráneo muy grande poseen una cara más pequeña y al revés, aunque esto no tenga ninguna relación con la capacidad intelectual", aclara Juan Antonio Pérez Claros. "Simplemente es un componente ancestral del desarrollo que se sigue manifestando", agrega. Esta investigación, a punto de publicarse, entronca con las realizadas para poner de manifiesto el tamaño y peso de una única especie a partir de un hueso. Hasta ahora estas estimaciones se hacían fundamentalmente con restos poscraneales. Sin embargo, este equipo ha desarrollado otra metodología para que se pueda calcular la masa de un animal extinto con los huesos nasales. El asunto no es menor, subraya Juan Antonio Pérez Claros, porque determinar el peso de una especie permite estimar "sus años de vida, el tamaño del territorio, su reproducción y puedes establecer relaciones paleobiológicas".

En el campo de los estudios adaptativos y funcionales de los vertebrados el equipo, compuesto por cuatro investigadores de plantilla y tres becarios doctorales, ha realizado análisis biomecánicos que, por ejemplo, han puesto de manifiesto que el diente de sable que hizo tan popular la saga de películas infantiles Ace Age, en realidad, no era tan fiero solo sus fenomenales caninos, sino también por la fuerza que era capaz de ejercer con el cuello. "Los estudios biomecánicos nos hacen pensar que inmovilizaba las presas para clavarle los dientes en las zonas blandas pero ejerciendo la fuerza con el cuello", indica el Juan Antonio Pérez Claros miembro del grupo de paleontología de vertebrados de la UMA, del que también forma parte el catedrático Paul Palmqvist que junto a Bienvenido Martínez, del Instituto Catalán de Paleoecología, codirige la investigación paleontológica en los yacimientos de Orce (Granada). De hecho, el equipo científico casi al completo trabaja en Orce que, desde el punto de vista de paleontológico para Palmqvist es, sin duda, "el yacimiento más relevante de Europa".

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