El Prisma

La 'pata coja'

  • Los retrasos y fallos tras la puesta en servicio del AVE, al margen de ser anecdóticos e incluso normales en una infraestructura de esa envergadura, ponen otra vez en evidencia a la ministra

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SUS muchos deméritos en los días finales de su Gobierno empañarán siempre uno de los mejores gestos que ha tenido jamás un presidente en la joven democracia española. José María Aznar, en esa obsesión atlantista que tenía su parte positiva, autolimitó a dos mandatos , sin que nadie se lo pidiera, su permanencia en La Moncloa. Nada sabíamos entonces de que iba a permanecer en la escena pública, no como jarrón chino sino cual mosca cojonera, provocando turbulencias en su propio partido y en la vida política española. Pero aquella renuncia voluntaria al poder creó un sano precedente democrático que sería muy deseable imitar.

Aunque puede que esa copia del sistema estadounidense, que fija en la propia Constitución la limitación presidencial a dos mandatos, también trajera consigo la importación del lame duck, el pato cojo. No, no se trata de un palmípedo con problemas de psicomotricidad. Es la expresión que se utiliza en la prensa norteamericana para definir a los presidentes que ya no pueden ser reelegidos, que han llegado casi sin aliento ni crédito al final de su estancia en la Casa Blanca, que no cuentan con influencia alguna en el Congreso ni en la política exterior, y que no convencen ya ni a sus abuelas. Vamos, un pato cojo viene a ser un Bush andante. Como éste último, se puede ser un pato cojo nada más ganar (¿ganar?) sus segundas elecciones y con cuatro años por delante, o sólo convertirse en uno en el tramo final cuando todo el mundo deja de hacerte la pelota porque sabe que ya como mucho mandarás en el catálogo de libros de tu biblioteca presidencial (otra bonita costumbre a copiar que consiste en los presidentes jubilados desarrollan un centro de estudios público con los archivos y legado de su presidencia).

En España, como decíamos, Aznar fue un pato cojo durante sus desastrosos últimos meses. En Málaga, por llegar a lo local, sabemos mucho de patas cojas. De Marisa Bustinduy ya hemos hablado demasiado. De la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, también. Pero esta última semana, tras los fallos descubiertos en el flamante AVE de Málaga, toca hacer repaso a algunas de sus patochadas, y perdón por la expresión. Tripitimos: Álvarez ha sido una magnífica ministra para Málaga, ha barrido para casa y merece hasta los muy babosos elogios que se le han lanzado estos días. Pero la prensa también está para tocar las narices, para señalar los errores, para afear la prepotencia y las manipulaciones.

El primer error grave de la ministra con el AVE a Málaga tiene mucho que ver con los patos. Fue su empeño en desmentir a este periódico cuando publicamos que los trenes Talgo, conocidos como patos, serían los utilizados principalmente en la línea. En la información publicada no había ni asomo de crítica a la tecnología española de estas máquinas o a su confort. Todo lo contrario. Pero Álvarez sí puso en duda los Talgo cuando dijo que a Málaga irían "los mejores AVE", a su juicio los Siemens alemanes. Al final se usan ambos.

Después, cuando el túnel de Abdalajís se agrietó por un incremento de la presión sobre una de las dovelas al inyectar hormigón, la ministra habló de "incidente" y poco menos que fulminó a quien se atreviera a hablar de grieta. Tuvieron que pasar dos semanas hasta que un algo cargo de Adif admitió que había habido una grieta porque, si no, cómo demonios iba a contar que se había reparado, ¿con un "hemos reparado el incidente"? Habría sido chocante hasta para estas latitudes.

Cuando desde la oposición y la prensa se cuestionó si las prisas por inaugurar habían provocado que las pruebas de la línea Córdoba-Málaga fueran insuficientes (14 días, por ejemplo, en el dichoso túnel) comparadas con las del AVE a Valladolid o el AVE a Sevilla (que casi estuvo un año rodando sin pasajeros), faltó que nos colocaran las orejas de burro. Resulta que los nuevos trenes y la vieja vía no hablan exactamente el mismo lenguaje informático -hay que ver las cosas que tiene la España de las autonomías- y nos hemos enterado con los viajeros a bordo.

Y no pasa nada, los retrasos, las descoordinaciones y los problemas son normales en la puesta en servicio de cualquier gran infraestructura de transportes (ya ocurrieron en la magnífica T-4). Nadie se va a rasgar las vestiduras por los ajustes iniciales. Salvo los que hayan sufrido a una ministra que se comporta como una recién nombrada y que aún no se ha dado cuenta de que es una pata coja.

olvido imperdonable

Por cierto que en la inauguración del AVE no sólo llamó la atención la ausencia voluntaria de la ex alcaldesa Celia Villalobos. También la de los arquitectos auténticos de la magnífica estación ferroviaria de Málaga. Ni Salvador Moreno Peralta ni Manuel Jaén de Zulueta fueron invitados por Fomento.

la ministra del pp

En la comida de Navidad del PP, el joven Elías Bendodo demostró que la agudeza es una de las cualidades que lo han llevado a convertirse en secretario provincial. Hablando de la visita el viernes de la consejera de Obras Públicas, Concepción Gutiérrez, un cargo público popular, cuyo nombre es mejor dejar en el anonimato en aras de su supervivencia política, comentó: "Seguro que va a ser ministra". A lo que Bendodo respondió con agilidad: "La verdad, Mengano, dudo mucho que Rajoy vaya a nombrarla". Después hubo risas que ocultaron semejante exhibición de pesimismo.

regreso a las aulas

Se ha escrito bastante sobre la "alergia a la tiza" de muchos de los políticos malagueños maestros de profesión. José María Ruiz Povedano ha sido presidente de la Diputación, delegado de Educación, delegado de Obras Públicas y coordinador de la oficina del PGOU de Marbella. En todos sus cargos ha cumplido con creces, sin aspavientos y con honradez. Hace unos días solicitó su vuelta a las clases.

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