El peligro de la sal que no se ve

Se sabe que los hipertensos deben reducir el consumo de sal. Pero hay un problema. La que se echa a la olla al cocinar o la que se añade en la mesa apenas supone la cuarta parte de la que se ingiere. Las tres cuartas partes, en realidad, proviene de alimentos hechos. Por eso, los hipertensos deben ser muy cuidadosos y selectivos a la hora de comer. Y es que hasta los helados, por dulces que estén, tiene sales. Lo mismo que las bebidas carbónicas -que no saben saladas- ni la bollería... Incluso, los medicamentos efervescentes llevan sales. Entre los alimentos, los mayores niveles de sal se encuentran en las sopas de sobre o los cubitos para hacer caldo. Los quesos, las chacinas, los precocinados o la comida rápida también son productos ricos en sal de esa que muchas veces pasa inadvertida. El pan es otro de los alimentos que hay que seleccionar con cuidado.

Las baguettes congeladas que se compran para hornear justamente engordan por su alto contenido de sales. Y también tiene sal en cantidad abundante el pan de molde. Los especialistas recomiendan, sobre todo a los hipertensos, que vigilen el etiquetado de los productos. El problema es que no siempre se detalla el contenido de sales. Y, además, en muchas ocasiones, los alimentos preparados se limitan a indicar que llevan sal, pero no precisan la cantidad; que en numerosos casos suele ser abundante. De ahí, el empeño de médicos y administraciones en avanzar para lograr compromisos de la industria alimenticia de cara a reducir este componente y que en el etiquetado se determine con precisión las cantidades que lleva cada producto.

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