Los pilares del Carlos Haya

  • El hospital homenajea a sus jubilados y a los trabajadores que llevan 25 años al servicio de la salud en ese centro sanitario

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"El hospital no es lo que es por sus ladrillos, sino por su gente". Con esta frase la gerente del Carlos Haya, María Ángeles Prieto, reconocía ayer la labor de los profesionales en un acto con el que se homenajeó a los jubilados y a los trabajadores que cumplían 25 años en ese centro.

Montserrat Serarols dejó de trabajar en agosto tras 41 años en el hospital. Esta enfermera recordaba que la UVI empezó con seis camas. Hoy tiene casi medio centenar. Decía que lo que más le gustaba de los comienzos era que todos se conocían: "Éramos como una familia". Ayer, ante un salón abarrotado confesaba que muchas caras ni le sonaban. Y es que el hospital ha crecido. "Como ha crecido la ciudad", acotaba Manuel Causse, médico de la sección de infecciosos. Causse relataba que al principio los cirujanos operaban por un cupo y que el centro no tenía todas las especialidades. Hoy cuenta con todas, incluso con trasplantes.

Antonio Martín, hematólogo que se jubiló a principios de año tras 30 años de trabajo, era muy gráfico: "Cuando llegué al hospital aquello parecía el far west porque en los alrededores no había nada urbanizado". En la actualidad, el edificio ha quedado dentro de la ciudad, engullido por el crecimiento urbanístico. Martín enumeraba los avances médicos que se han producido durante estos años: la mayor seguridad en las transfusiones sanguíneas, los trasplantes hepáticos y la curación de determinadas leucemias. Mejoras en la medicina que se han traducido en mayor esperanza de vida.

Montserrat se encontró en el acto con Purificación Mellado, a quien no veía desde hacía mucho tiempo. Puri contó que Montserrat fue su primera supervisora de la UVI. Esta auxiliar ha estado 29 años en el Carlos Haya. "Recuerdo que cuando empecé, los respiradores medían casi un metro de alto, eran unos armatostes enormes. Ahora todo es muy sofisticado. Aquel trabajo me enganchó, no sólo por el trato con el enfermo sino también con los familiares".

A todos, la gerente les fue entregando unas biznagas plateadas como premio por tantos años de entrega. No era para menos la distinción porque ellos son los pilares sobre los que se sustenta el principal hospital de la provincia.

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