"Ningún planeamiento avanzará sin garantizar antes los recursos"

  • El delegado de Medio Ambiente asegura que su objetivo ha sido siempre corregir los "desaguisados históricos" e impedir que la provincia crezca sin control

Ignacio Trillo es el delegado de la Junta de Andalucía más veterano de Málaga. Fue nombrado para ocupar el cargo de forma provisional durante dos semanas y ya lleva 12 años al frente del control del medio ambiente en la provincia. Es un trabajador incansable y siempre se ha caracterizado por su frontal rechazo a los desmanes urbanísticos. A poco más de un mes de las elecciones autonómicas, analiza su gestión, no exenta de polémica, al frente de la Delegación.

-¿Es Málaga una provincia ambientalmente sana?

-Está intentando compatibilizar las actividades humanas con su riqueza natural. Las políticas que llevamos a cabo tratan de corregir desaguisados históricos y prevenir futuras consecuencias. Hemos intentado dejar la provincia en su aspecto más natural con la suficiente protección para que se sirva de blindaje y evitar que se cometa ningún tipo de tropelía. Eso ha permitido que en 12 años se haya pasado de tener el 7 por ciento de la superficie provincial protegida a estar por encima del 32 por ciento.

-¿Qué ha cambiado en el medio ambiente desde que es delegado?

-El medio ambiente ha pasado de ser una de las asignaturas marías a tratar de tú a tú al urbanismo. Se ha conseguido que la gente no crea que el medio ambiente es sólo el pajarito o la planta, sino un mecanismo de control urbanístico.

-¿Se seguirá ejerciendo ese control para evitar que se repitan casos como el de Marbella?

-El caso de Marbella es un fenómeno absolutamente atípico por ser una vulneración clara del Estado de Derecho. Allí nos encontramos con la impotencia de que a diario se estaban haciendo barbaridades que ponían fin a una ordenación sostenible del territorio. No se ha valorado el esfuerzo que realizó la Junta, pero en 1997 ya denunciamos ese modelo monstruoso que atentaba contra la calidad de vida del municipio.

-La sequía ha marcado prácticamente toda la legislatura, ¿cree que la Junta ha hecho todo lo que se podía hacer en esta situación?

-Esa ansiada transferencia nos llegó en un momento crítico y era un desafío hacerle frente, aunque el que nos encontremos tres años después en una situación en la que los ciudadanos no han notado la falta de agua dice bastante de todo lo que ha habido que acometer. Hemos apostado por actuar sobre la demanda y hacer inversiones con resultados a corto plazo. No nos podíamos permitir el lujo de abordar obras faraónicas que no dieran resultados inmediatos y todo ello hubiera sido impensable con los mecanismos que había en 2005.

-¿Pero por qué se traslada ahora la toma de decisiones importantes de la cuenca Sur a Sevilla?

-El funcionamiento de la cuenca se caracterizaba por estar gestionada por una entidad pública opaca y con ausencia de participación de sectores importantes. Hoy todo eso ha cambiado porque antes en las provincias no existía ningún ente de gestión y ahora están sujetas a una mayor participación en la toma de decisiones. El que exista una dirección provincial supone que se trabaje con criterios adaptados a la ordenación de ese territorio. Esto nos posibilita que ninguno de los planeamientos municipales puestos en marcha pueda avanzar sin tener garantizado la viabilidad hídrica de los nuevos crecimientos que se prevén. No va a ocurrir como hasta ahora que se hacía la urbanización y luego llegaban las administraciones para hacer las infraestructuras necesarias.

-El saneamiento integral sigue siendo la gran asignatura pendiente, ¿cuándo se acabará?

-Si el avance que se ha hecho en esta legislatura en materia de depuración de aguas residuales se hubiera hecho en las tres anteriores, el tema estaría más que resuelto. Es un fenómeno que se ha arrastrado por la mala planificación que ha habido. Ahora está todo en marcha y lo único que quedan son trámites administrativos en el caso de Nerja y plantear la ampliación de Marbella y Estepona.

-¿Está Málaga muy contaminada?

-Málaga ha tomado el sector servicios como el motor económico, y no es que sea totalmente limpio, pero no es comparable con la industria pesada o la química. La mayor incidencia desde el punto de vista de la contaminación tiene mucho que ver con la movilidad y la forma con la que el tráfico se ha abordado hasta ahora. Las administraciones deben fomentar el uso del transporte público y el carril bici porque contribuirán a reducir la contaminación para prevenir el mayor desafío del planeta.

-¿La reducción de las industrias de la provincia como la cementera de La Araña contribuirá?

-Toda reducción de las emisiones es importante y más en el caso de una industria como la cementera que repercute inmediatamente en una mejora del entorno. Pero esas emisiones son nimias en comparación con los grandes desafíos que habrá que afrontar por culpa del cambio climático. Europa pretende que en 2020 un 20 por ciento de las energías sean renovables y nuestra apuesta es aprovechar este programa para generar energía a través de la biomasa vegetal, por lo que montaremos una industria limpia en muchos municipios.

-¿Considera que el cinturón verde de Málaga ha sido un proyecto fallido?

-Fue una oportunidad histórica que se planteó cuando había fondos europeos. Cuando pedimos al Gobierno que remitiera la petición a Bruselas el precio de una hectárea era de 70.000 pesetas, ahora por menos de 6.000 euros es imposible conseguir ningún tipo de suelo. Esto no significa que sea imposible, sino que hay que cambiar la estrategia. Queremos concertar con los titulares de esos terrenos la realización de esas actuaciones, aunque deberán renunciar a la propiedad para que sea la administración la que las lleve a cabo. En la revisión de los planeamientos de Málaga, Casabermeja y Almogía vamos a insistir en el carácter de suelos de especial protección no urbanizable para proceder a su repoblación.

-¿Qué solución se le dará al río Guadalmedina?

-Se planteó un proyecto de ciencia ficción y ahora se trata de acondicionar una zona y lograr su máxima integración dentro de la ciudad. Pero el problema no es el río sino el modelo de urbanismo que se ha hecho a su alrededor. Cualquier tipo de taponamiento puede suponer un riesgo tremendo.

-Esta legislatura ha estado salpicada de enfrentamientos con el Ayuntamiento. ¿qué le reprocha?

-El problema es que tenemos dos modelos distintos de entender el desarrollo de la ciudad. No es nada personal. El Ayuntamiento de Málaga tiene una mentalidad desarrollista típica de los años 60 y el desarrollo no puede entenderse sólo como crecer y crecer sin tener en cuenta los recursos disponibles.

-¿Le gustaría repetir o cree que ha llegado el momento de ceder el testigo?

-Es un tema que no depende mí. Estoy muy satisfecho con todo lo que he realizado y el apoyo que he encontrado. Uno de los grandes secretos de la continuidad en mi gestión es el haberme rodeado de un equipo tan valioso.

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