Los plásticos empiezan a escasear en la 'zona cero'

  • Sigue lloviendo y los vecinos de Nuevo San Andrés, que muchos no tienen ventanas, buscan recursos para que el agua no entre

La meteorología no da tregua y en Nuevo San Andrés muchas casas, sin cierres ni ventanas, se mojan cada vez que llueve. Algunos edificios, además, tienen problemas en sus cubiertas, lo que está generando serios problemas de goteras en muchos domicilios. En las tiendas del barrio, por su parte, los plásticos empiezan a escasear. A falta de que las soluciones definitivas lleguen, que están en camino, toca agudizar el ingenio. En la ferretería de Puerto Oncala, aunque no faltan existencias, han llenado sus almacenes de suministros para atender a las chapuzas caseras: tacos, tornillos, silicona, pero sobre todo espuma de poliuretano. Todo vale para sellar las fisuras que ha dejado el tornado.

En casa de la familia Pericas Carrión, el techo es una gran bolsa de agua. Este domicilio se encuentra en un noveno de calle Puerto Oncala, la que se puede considerar zona cero del suceso ocurrido el pasado domingo. El tejado del edificio se lo llevó el tornado, como otros tantos del barrio, y la lluvia no deja de meter el dedo en la llaga. En los dos dormitorios auxiliares de la vivienda había ayer goteras y una gran bolsa de agua a punto de reventar. También en el pasillo, que está lleno de cubos. La casa, por imperativo, está manga por hombro, con muchos muebles retirados de la pared. La escena se completa en la más siniestra oscuridad.

"Los cristales se rompieron pero al menos las persianas quedaron intactas. Tenemos que tenerlas todo el día bajadas para que no entre agua por ahí", explica Leonor Carrión, que teme que con las goteras puedan quedarse sin suministro eléctrico. Por ahora, las lámparas funcionan, pero en otras muchas viviendas las goteras han provocado cortocircuitos. Si la lluvia no cesa de forma inminente, será cuestión de tiempo.

En otro bloque vecino, María Luisa Ferrer ha blindado sus ventanas con plásticos y cartones. Esta es una estampa habitual en Nuevo San Andrés, sólo hay que levantar la mirada y detenerse en cada uno de los cierres. En su caso vive en un séptimo, pero tiene otras dos plantas por encima, por lo que no tiene problema de goteras. El agua entra por la ventana, pues las chapuzas caseras sólo son un pequeño freno. Un recurso a la espera de que lleguen los técnicos con la solución definitiva.

"Ya he vendido tres rollos de cien metros, me he quedado sin existencias. Además, hoy no sé la de gente que habrá desfilado por aquí llevándose los cubos a espuertas", dice Francisca Márquez, de la droguería Gómez. En la ferretería Macías, se vive una situación similar, la demanda para parchear los desperfectos del tornado se han disparado. Por su parte, los chatarreros siguen con su búsqueda de restos de aluminio y en el aparcamiento de la Avenida de Europa está en marcha el desescombro.

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