La política exterior del supermercado

  • El carrito de la compra se parece cada vez más a la ONU l Es de suponer que las chirimoyas que se cultivan en la Axarquía se vendan en alguna parte l Lo peor de todo es que si el eje del mal sigue progresando en su carrera nuclear, igual nos quedamos sin algunos productos fundamentales

HAY pocas cosas que me vuelvan loco, y una de ellas son los pistachos de Mercadona. Un servidor es capaz de ventilarse una bolsa en menos de lo que se tarda en decir esta boca es mía, sobre todo si el televisor escupe algún entretenimiento lo suficientemente vergonzoso como para hundir aún más la autoestima. Además del regusto rajado que dejan en los labios, uno de los mayores atractivos que ofrecen estos pistachos es su origen: su procedencia es iraní, y eso estimula mi imaginación poderosamente. ¿Qué tipo de aviones saldrán de Teherán repletos de estas delicias saladas rumbo al supermercado de Fuente Olletas? ¿Serán vuelos vigilados, de alta seguridad y convenientemente protegidos contra posibles ataques israelíes? ¿Aprovecharán los iraníes el paseo, por cierto, y meterán en el mismo lote ciertos dispositivos nucleares? ¿O acaso el traslado se producirá en barco? ¿Atravesará el cargamento el Golfo Pérsico custodiado por lanzatorpedos rusos? ¿Y qué dirá la guardia revolucionaria al respecto? ¿Inspeccionarán los clérigos chiíes el contenido de cada bolsa por si se emiten mensajes clandestinos? Cuando los telediarios informaron de que la UE no iba a comprar más petróleo a Irán , la primera pregunta que me vino a la cabeza fue: ¿Tendrá eso consecuencias en mis pistachos? Espero que los alemanes no la tomen con ellos para reírle la gracia a Estados Unidos. Lo cierto es que el desarrollo del eje del mal puede tener consecuencias nefastas para la distribución de algunos productos imprescindibles en Occidente. Si el petróleo iraní no interesa, ¿por qué habrían de hacerlo los pistachos? ¿Y qué va a pasar con los países latinoamericanos que han recibido recientemente con todos los honores a Ahmadineyad? Ecuador es el primer exportador de flores del mundo. ¿Se nos terminarán las rosas, claveles, orquídeas y calas en los quioscos de la Alameda por la posición dudosa de la nación respecto a Irán? ¿Y Venezuela? ¿Quién nos garantiza que podremos seguir comprando frutas exóticas en el Carrefour? Son demasiadas preguntas, lo sé, pero mi carrito de la compra cada vez se parece más a la ONU: carne de ternera criada en Argentina, trucha ahumada pescada en Canadá, verdura cultivada en Marruecos y cerveza Coronita fermentada en Hungría. No pude evitar cierta tristeza cuando recientemente acudí a comprar sushi al supermercado de El Corte Inglés y en el envoltorio pude leer un anuncio escrito en rojo chillón que dejaba claro que aquel producto carecía por completos de ingredientes procedentes de Japón, para dejar tranquilos a quienes pudieran temer ingerir alguna porción de atún radiactivo.

Tampoco los mercados tradicionales escapan de la coyuntura, no crean. En Atarazanas se puede comprar salmón fresco recién pescado en el Mar del Norte y, claro, toda suerte de pollo halal. Y eso, por supuesto, es maravilloso. Lo que ocurre es que, si bien en estos mercados todavía es relativamente fácil encontrar productos malagueños, en las grandes superficies comerciales éstos aparecen servidos en expositores especiales en los que se puede adquirir el salchichón de Prolongo y algunos boquerones en vinagre como si se tratase de manjares exóticos. Es posible que sean los iraníes quienes con más facilidad consuman las chirimoyas de la Axarquía, y quizá sea cierto el viejo dicho de que el mejor pescado malagueño se degusta en los restaurantes de lujo de Madrid. Pero la pregunta clave es: ¿Qué exquisitos hitos gastronómicos se crían en Corea del Norte a espaldas de resto del mundo? ¿Les gustará a los súbditos del nuevo gran camarada el pulpo crudo como a los vecinos del Sur, o preferirán la plancha? ¿Será un obstáculo para la exportación de pimientos norcoreanos, llegado el momento, el hecho de que hayan sido cultivados en campos de concentración? Tal vez. Pero siempre quedará el cava catalán.

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