pregón de la semana santa 2011 Antonio Banderas deslumbra con su escenografía

Una procesión sobre el escenario

  • La sencillez de la decoración de las tablas del Cervantes destaca sobre la espectacularidad de la puesta en escena · La Orquesta Filarmónica deleita al público con una cuidada selección de marchas de Artola

No faltó un solo detalle. Nada que no hiciera pensar que se estaba ante la estación de penitencia de cualquier hermandad por las calles de Málaga. Hubo ritmo, color, contraste, lágrimas, espectacularidad, que no espectáculo, nazarenos, inocencia infantil, la fuerza de la música, sabiduría popular, la dura realidad, emoción y verdad. En definitiva, allí estuvo constantemente representada la Semana Santa de Málaga.

Quizás la sencillez del montaje elegido por Antonio Banderas para lustrar las tablas del Cervantes fue un síntoma de lo que estaba por llegar. Del techo pendían los seis estandartes de los titulares de las Reales Cofradías Fusionadas. Hermandad a la que pertenece y a quien le dedicó varios guiños a lo largo del texto de su pregón. También acompañaba el banderín de la Fundación Lágrimas y Favores, organización benéfica creada por el actor.

Todo sencillez. Así lo había anunciado días antes el actor malagueño. Prometió huir de "la comedia musical" y así lo hizo. Una luz potente fue dando paso a un foco centrado en su figura. José Antonio Domínguez Bandera, su nombre real, iba elegantemente vestido con un sencillo traje de color negro y corbata del mismo color que destacaba con el blanco de su camisa. Como contraste desde la penumbra, apareció la sombra alargada y quebrada de una cruz color nazareno que la acompañaría hasta el final de la exaltación, donde el símbolo se cambió por una gran instantánea de la Virgen de Lágrimas y Favores. Su 'niña de San Juan'. El filo del escenario estaba exornado con claveles rosas y margaritas spider de color blanco.

Por haber, hubo hasta una petalada muy generosa que brotaba desde los palcos de un abarrotado Cervantes que explotó en una intensa y duradera ovación cuando Banderas dio por terminada su intervención con lágrimas en los ojos. Minutos antes, las emociones cofrades del malagueño se vieron representadas en una pequeña performance en la que el actor compartía escenario con un niño en el que él se veía representado y quien pedía con prudencia a un nazareno ataviado con la túnica de Lágrimas y Favores, que echara cera sobre la bola que había ido conformando con lágrimas de cirio.

Pero en una Semana Santa, es necesaria la música. Incluido el silencio. Antes del pregón actuó sobre las tablas del teatro Miguel de Cervantes la Orquesta Filarmónica de Málaga. El programa apenas contaba con dos piezas, pero lo reducido no estuvo reñido con la calidad. El concierto supuso una eclosión de plasticidad musical y buen gusto que fue el aperitivo perfecto que complementó con igual calidad, las palabras de Antonio Banderas.

La primera pieza que se escuchó fue una selección de marchas de Perfecto Artola, a quien e l pregonero quiso rendir un homenaje. Sobre el pentagrama a, arreglado para orquesta por Miguel Sánchez Ruzafa, sonaron fragmentos del Poema Sinfónico, Coronación de la Virgen de los Dolores, Cristo de la Expiración, Misericordia, Cristo de las Penas, Virgen de Gracia, Jesús de la Pasión, Soledad del Sepulcro, Himno de Coronación de la Esperanza y otra vez volvió al Poema Sinfónico.

El concierto terminó con la marcha Lágrimas de San Juan, compuesta por Abel Moreno y a la que el propio Banderas puso letra y que fue interpretada en esta ocasión por la escolanía Santa María de la Victoria. Durante el pregón, también se pudo escuchar la marcha Reina de San Román de Ginés Sánchez. Además, se interpretó un fragmento de la marcha La Esperanza de Triana de Manuel López Farfán, concretamente sonó el solo de violín. Después la marcha Misericordia también de Perfecto Artola, a piano. El último sonido, una explosión de palmas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios