La regularización de las empleadas de hogar provoca cientos de consultas

  • ONG como Málaga Acoge recibe más de una decena de llamadas diarias tanto de familias como de empleadas · Ahora hay que dar de alta desde la primera hora

El pasado 1 de enero entró en vigor una nueva normativa con el propósito de regularizar y dignificar el trabajo de un colectivo especialmente sumergido y, por tanto, vulnerable, el de las empleadas de hogar. Esto supone novedades como la obligatoriedad del empleador de dar de alta a la trabajadora desde la primera hora y por anticipado. El desconocimiento de las familias de esta forma de proceder está llenando las sedes de ONG de consultas en estos primeros días del año. Lo importante, subrayan desde las entidades, es sensibilizar a los empleadores para reducir la precariedad.

"El teléfono no para de sonar en estos días, la gente está muy perdida, no sabe cómo hacerlo", comenta Alejandro Bernal, coordinador del área de empleo de Málaga Acoge. Como señala Bernal, antes el alta también era obligatoria "pero el empleo doméstico es de lo más sumergido". Asegura que "no ha cambiado tanto la cosa, siempre ha sido un delito contra el derecho de los trabajadores emplear a alguien sin contrato, pero sí la mentalidad, le están viendo las orejas al lobo, se está insistiendo mucho en que es obligatorio dar de alta desde la primera hora y previa a la relación laboral", añade el coordinador.

Con anterioridad a esta normativa, si la trabajadora tenía varios empleadores, es decir, si limpiaba por horas en distintas casas, el alta de la seguridad social le correspondía a ella. Sin embargo, en la actualidad han de asumirla los que la contratan. "Con esta medida se pretende que coticen, no para desempleo, sino para contingencia común o laboral, es decir, si se ponen enfermas o tienen algún accidente en el trabajo", explica Alejandro Bernal.

En la Asociación Arrabal AID también ha aumentado mucho la demanda de información. "La gente se muestra con ganas de hacer cumplir el derecho o de ejercerlo en un mercado de muy poco reconocimiento", dice María Delia Abbate, responsable del área de inclusión de Arrabal, y subraya que las principales consultas son cómo debe hacerse y qué tienen que pagar en sus casos particulares.

Desde Arrabal consideran que "esto es algo multifactorial, depende no sólo de la legislación, que es muy importante, sino también de la mentalidad del empleador". Abbate reitera que "una norma es un parámetro a seguir, pero la precariedad se evitará siempre que cambie la actitud del empleador y en eso aún queda mucho por hacer". También señala que a pesar de que han mejorado las condiciones, la cotización de estas empleadas aún no les da derecho a percibir prestación por desempleo y "eso hay que igualarlo, ése es el paso que hay que dar y nos hemos quedado faltos".

Desde la organización Prodiversa, antiguo MPDL, van más allá y sostienen que "si no se persigue la infracción, todo quedará en un papel y nada más". Afirma Teresa Pineda, coordinadora de Prodiversa, que "la nueva regulación es más estricta pero se seguirá sin cumplir si no se persigue a los empleadores que no la acaten". Como punto negativo Pineda apunta que "a algunas mujeres no les beneficia darse de alta porque los empleadores le descuentan de su sueldo lo que tienen que pagar".

La situación invisible en la que aún se hallan muchas de las empleadas del hogar en Málaga se ha cebado especialmente con el colectivo inmigrante. "En un principio trabajaban con personas sin permiso de residencia, ni de trabajo, no importaba, y ahora se pretende revalorizar los derechos y deberes de empleadas y empleadores", explica Haydée Bossio, técnico laboral Antequera Acoge.

La falta de oportunidades, la necesidad de buscar dinero de forma rápida y la falta de regulación del sector ha hecho según los colectivos sociales que muchas mujeres acepten ofertas más que precarias. "He conocido casos de gente interna que en dos años no ha salido a la calle, experiencias muy fuertes con personas enfermas", relata Haydée Bossio. Alejandro Bernal, de Málaga Acoge, asegura que "se han dado condiciones de semiesclavitud en las que han llegado a pagar 300 euros a internas y otros abusos importantísimos como no pagar lo acordado, no dar el descanso semanal o que tuvieran que compartir habitación con la persona que se cuida, de manera que no se descansa nunca".

La situación se agrava aún más si hablamos de mujeres en riesgo de exclusión social. "Hemos dejado de intermediar para abrir una empresa de inserción, Acompanya, con la que trabajamos limpieza y catering", dice Pineda desde Prodiversa." Es la única forma que hemos visto para ofrecer empleos con garantías, porque la mayoría de las ofertas no cumplían los requisitos mínimos", concluye.

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