Los rostros del paro

  • El desempleo tiene detrás historias duras que viven a diario miles de personas en la provincia y cuyo fin parece aún lejano

La oficina del Servicio Andaluz de Empleo de Gamarra era ayer un hervidero de personas. Gente de todas las edades y distintas nacionalidades que tienen un denominador común: están en el paro. Son conscientes de que la situación económica es muy dura y de que puede pasar aún mucho tiempo hasta que encuentren un empleo. Sin embargo, se mantienen "ilusionados" y atentos a una llamada de teléfono que les permita cambiar el rumbo de su vida.

Paqui Báez tiene 43 años, es maestra y lleva casi tres años en el desempleo. Ha aprobado dos oposiciones de Magisterio y de Auxiliar Administrativo pero no había plaza. Solo ha podido trabajar un año y medio como administrativo en la Junta de Andalucía, pero no le han vuelto a llamar de la bolsa. "He hecho muchos cursos y mi currículum está en todos sitios, pero en los colegios lo tiran directamente al cubo de basura", afirma. Báez aún vive con sus padres y tiene una niña de 8 años. Se ha mantenido económicamente con la ayuda familiar y haciendo encuestas, y está pensando irse a Barcelona, donde trabaja un hermano, para buscar una nueva oportunidad. "Las empresas ya no me quieren porque prefieren a niñas de 20 años", explica resignada.

Pilar Moreno lleva 15 años en paro. Fue auxiliar administrativa y hasta tuvo una empresa, pero cerró. "Solo me han llamado una vez en todo este tiempo y fue para ser comercial de una empresa de teléfonos", lamenta. Su esposo es taxista y Pilar reconoce que lo están pasando mal, porque su profesión tampoco garantiza un ingreso fijo. Tiene un hijo de 18 años que también está en el paro, "por lo que estamos bastante apretados, pero no por eso podemos perder la esperanza". Ayer fue a sellar y a informarse sobre una nueva ayuda a desempleadas mujeres mayores de 45 años ya que durante todo este tiempo no ha recibido absolutamente nada al haber sido autónoma.

Rosario Aguilar solo lleva una semana en paro, aunque nunca ha tenido un contrato. Cubre bajas en una empresa de limpieza y no sabe cuándo la volverán a llamar. "Soy positiva y por ahora vamos tirando", señala esta mujer de 45 años que mantiene a sus dos hijos en casa y que sobrevive gracias al sueldo de su marido. "Si no hay para filetes, pues lentejas", subraya con cierta alegría.

Tatiana Pitsack es ucraniana. Llegó hace ocho años a Málaga y ha trabajado en el servicio doméstico, en el aeropuerto o en oficinas. Lleva dos años en el paro y, según afirma, vive del dinero que le prestan amigos y familiares. Su carácter es risueño y habla un español perfecto -"mejor hablado que escrito", se ríe- aunque se le quiebra un poco la voz al recordar que ha tenido que enviar a su hija de 20 años a Ucrania porque allí puede comer con sus padres.

Alejandro Martín tiene 23 años, es soldador y lleva un año en paro. "He trabajado dos años y solo tengo cotizados 17 días", afirma enojado, a la vez que señala que ha trabajado de manera puntual en una carpintería sin contrato. "Estoy frito porque salga algo", dice este joven que permanece en la vivienda de sus padres.

Bachir Al Achyab escucha la conversación y quiere contar su historia. Es marroquí, lleva nueve años en Málaga y dos en el paro. Trabajó como repartidor siete años y el subsidio del desempleo se le terminó hace seis meses. "Lo estoy pasando canutas. No tengo familia aquí, vivo compartiendo piso y me están ayudando los amigos", explica. Pese a su situación, no quiere abandonar Málaga porque es una ciudad que le gusta y confía en encontrar un empleo. "Me da igual lo que sea mientras sea honrado", añade.

Paqui, Pilar, Rosario, Tatiana, Alejandro, Bachir... Y así hasta 251.700 personas. Son los rostros del paro en Málaga. Ansían encontrar un empleo pero, por ahora, no sale nada. Y menos con contrato. Esperan una oportunidad que cada vez es más esquiva. Por cierto, ninguno sabía que ayer se publicó la EPA. ¿Para qué? La viven en sus propias carnes a diario.

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