El saber de Carrión ocupa lugar

  • Alumnos y compañeros de Alejandro Rodríguez Carrión destacan la huella académica y humana del catedrático de Derecho Internacional, uno de los referentes de prestigio de la Universidad de Málaga

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¿Qué mide la calidad de una universidad, el prestigio de sus profesores o el de sus licenciados? ¿La notoriedad de las publicaciones e investigaciones de sus docentes o el éxito de sus pupilos? Decía Henry B. Adams que un profesor trabaja para la eternidad: Nadie puede saber dónde acaba su influencia. Son cientos, miles, los alumnos que pasan por la vida de un académico. Los mejores dejan un sello, casi genético, que marca las conciencias e intelecto de los futuros profesionales. Uno de esos profesores es el catedrático de Derecho Internacional Público Alejandro Rodríguez Carrión, uno de los referentes de la joven Universidad de Málaga, institución que hoy le rinde homenaje junto con el resto de docentes que cumplen veinticinco años en la UMA.

Cuando empezó a dar clases en Málaga, el mundo se dividía en dos bloques, Gorbachov estaba a punto de llegar al poder y aún no se habían pronunciado las palabras glasnost o perestroika. Ayer, uno de los alumnos de Rodríguez Carrión en aquella época reflexionaba sobre su figura al término de una tensa reunión de la OTAN en Bruselas en la que se trató el ingreso de varios países del extinto Pacto de Varsovia y de las ex repúblicas soviéticas Ucrania y Georgia.

El número dos de la diplomacia española, Bernardino León Gross, confiesa que mantiene con su profesor una relación que va "mucho más allá de la clásica entre maestro y discípulo". "Además de seguirlo académicamente porque me interesa mucho su opinión y su manera de ver el mundo, mantenemos una profunda amistad. Para mí no sólo es un símbolo de la Universidad de Málaga. Es un referente ético, y de los que a mí me gustan, porque no se lo cree. Es capaz de reírse de sí mismo y eso le hace auténtico".

De su etapa en la Facultad de Derecho de Málaga, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores conserva especialmente el recuerdo de las reuniones que mantuvo con Carrión cuando éste era decano y León Gross uno de los cabecillas de los movimientos estudiantiles. "No sólo fui su alumno. También negocié con él. Y a pesar de las tensiones de entonces, nunca hubo una negociación que no se saldase con un acuerdo. En esos años aprendí no sólo derecho internacional, también mucha diplomacia".

Ese mismo aprecio demuestra el periodista Domi del Postigo, compañero de clase de León Gross, si se le pregunta por la influencia del catedrático. "Cuando llegamos a la Facultad de Derecho, recién pasada la dictadura, la asignatura de Derecho Internacional era un poco maría, nos costaba verla como derecho aplicable. Pero encontrarse con Alejandro la convertía inmediatamente en la asignatura más importante. Era irónico, rápido, brillante, distinto, un tío claramente de izquierdas y políticamente incorrecto en todo. Pero sin embargo nunca perdió, al contrario que otros personajes, ese aura de solidez y excelencia profesional que siempre ha tenido".

El popular periodista malagueño no acabó la carrera ni se dedicó a la diplomacia, pero cuenta que en su vida profesional Carrión ha sido un "asesor de lujo" a la hora de opinar o informar sobre asuntos internacionales. "Para mí es un referente de muchas cosas. Ha vivido el derecho como una pasión, como un mecanismo de defensa de las libertades y de la convivencia en paz. Es un referente para todos".

Todo maestro ha tenido su mentor. El de Rodríguez Carrión es el catedrático hispalense Juan Antonio Carrillo Salcedo. "Sí, he tenido el privilegio de ser su maestro, pero él me ha superado, porque Alejandro no es sólo un referente de Málaga, sino de la Universidad española en su conjunto". El viejo profesor sevillano, doctor honoris causa por la UMA, admite su cariño paterno-fraternal -"soy mayor que él, ¿sabe?"- por su discípulo malagueño, pero no está dispuesto a consentir que por ello sus elogios se tilden como subjetivos. "Es algo universalmente aceptado -dice rescatando el tono jurídico de sus clases- que Dios ha derramado muchos dones, intelectuales y personales, sobre Alejandro. Es un profesor que crea vínculos que no terminan cuando el alumno sale de la Facultad, que ha dejado huella allá por donde ha pasado".

Otra de las virtudes que destaca de su protegido, al que considera "familia" y define como un hombre "sentimental y tierno bajo una apariencia de duro", es su capacidad para "hacer" Universidad. "Se dice con frecuencia que no tenemos medios y eso no es del todo cierto. Lo que no tenemos es un medio universitario, un ambiente de rigor y excelencia que Alejandro sí ha sabido crear como decano de la Facultad de Derecho y como impulsor del Departamento de Derecho Internacional, con uno de los mejores equipos de España. Federico Mayor Zaragoza, que fue rector de la Universidad de Granada cuando estudiaba allí, siempre ha dicho que mucho de lo conseguido se lo debe a un gran líder de alumnos que le empujaba y exigía mejoras. Y ése no era otro que Alejandro".

Compañero y amigo, en este caso desde la infancia y el colegio, es el ex rector y ex consejero José María Martín Delgado, que también apela a la "objetividad absoluta" para deshacerse en elogios hacia la figura de Rodríguez Carrión.

"Es un referente de la Facultad de Derecho y de la UMA, un hombre de una rectitud extraordinaria y de una coherencia intelectual y académica ejemplar. A cualquiera que le preguntes te dirá que es un ejemplo de profesor universitario, y desgraciadamente no hay muchos como él. Pero como le vemos todos los días y es poco dado a figurar, su categoría puede pasar inadvertida, cuando es una de las primeras autoridades de España". El también catedrático de Derecho Financiero y Tributario tampoco permite que el cariño empañe su juicio. "Precisamente por haber compartido con él tantas cosas estoy absolutamente legitimado para decir con base científica y objetiva lo que he dicho sobre él. Y podría seguir".

Gran parte de su interés por los temas europeos lo heredó de él otro alumno destacado de Rodríguez Carrión, en este caso en un curso de Derecho Comunitario en 1994. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, define a su entonces tutor como una persona que ha sabido animar e ilusionar a mucha gente en los temas internacionales. "Eso es muy importante para que una ciudad como Málaga adquiera proyección exterior, esté abierta a todos los horizontes y perspectivas y sitúe a su gente en organismos internacionales. Conozco más de un alumno suyo que hoy día es funcionario de la UE en parte gracias a sus ánimos. Es un gran profesor y un gran ciudadano", subraya el regidor.

También ha pasado por sus seminarios de especialización en derecho comunitario el presidente de la Audiencia Provincial de Málaga. "De todos los profesores que he tenido es el que más capacidad tiene de transmitir ilusión y entusiasmo. Aplica un modelo pedagógico en el que no pierde el rol de profesor, aunque siempre lo sientes muy cercano", declara Francisco Javier Arroyo Fiestas.

Pupilo suyo hace diez años, recuerda con especial cariño las clases prácticas de Derecho Internacional, en las que Rodríguez Carrión convierte el aula en Corte Penal Internacional y a sus alumnos en cancilleres, jueces y abogados con diferentes posturas diplomáticas o jurídicas que mantener o defender. El tipo de experiencia que todo alumno recuerda para siempre. "En esa clase estábamos dos magistrados y era mucho más duro con nosotros. Incluso nos prohibió hacer de jueces durante el simulacro. Ha sido la única experiencia de mi vida como abogado, y gané la sentencia. Tuve que defender un caso de discriminación de un homosexual irlandés. ¡Hasta llevé a un amigo que interpretó el papel!", evoca entre risas Arroyo Fiestas.

Al margen de la pasión de sus clases, el presidente de la Audiencia destaca que Carrión ha creado en Málaga un foro de juristas que cree en la Unión Europea y en los valores que supone. "El diálogo, la unidad sin perjuicio de la diversidad. Nos ha hecho comprender que más que españoles somos europeos".

Todo su magisterio, tanto en la Facultad de Derecho como en la de Ciencias de la Comunicación, no se podría comprender sin su enorme sentido crítico, que imprime a sus alumnos. Si Martín Delgado evoca los años en los que Carrión perdió una beca de una universidad americana por su simpatía por el PCE -"le negaron el visado", cuenta-, Diego Martín Reyes, que fue su compañero en Granada y Málaga, siempre ha visto a su colega como un enfant terrible de la Universidad.

"Siempre estaba en contra de todo y metido en todos los problemas, es un hombre muy activo e inquieto, un profesor extraordinario que ha sabido estimular muchísimo el interés de sus alumnos, con unas clases muy divertidas e interesantes", afirma el comisionado de la Costa del Sol.

La propia rectora de la UMA, Adelaida de la Calle, lo certifica: "Alejandro siempre está dispuesto a colaborar en cualquier tema; es una persona muy comprometida en los consejos de gobierno, que siempre opina para mejorar las cosas". De la Calle no tiene dudas al afirmar que el catedrático de Derecho Internacional ha sido un "puntal" en el desarrollo de la Universidad de Málaga. "Es una de las voces con más prestigio con las que contamos, un investigador y docente de primer nivel que ha creado escuela en Málaga y ha sabido rodearse de gente joven y dinámica".

Una de esas personas es la profesora Magdalena Martín, de la misma quinta de León Gross y Domi del Postigo, cuando la Facultad de Derecho estaba en El Palo y Teatinos era un erial. "Lo conocí siendo alumna y me impresionó su extraordinario espíritu crítico. Fue de los pocos que se movilizó en la campaña de la OTAN, organizaba debates jurídicos y fue la única voz disidente. Ha mantenido ese espíritu crítico, y creo que por eso no ha tenido la proyección política que podía haber tenido". Martín entró en el equipo de Rodríguez Carrión tras completar sus estudios en el extranjero. "Siempre nos decía que para ser profesor había que quitarse el pelo de la dehesa; era su forma de incitarnos a salir de España".

Él ya había predicado con el ejemplo. Granada, la Autónoma de Madrid, Oslo, Cambridge, Berkeley, Groningen, Sevilla y Málaga han sido las etapas de este profesor que hoy cumple un cuarto de siglo en la UMA y que, según su compañera de departamento, "enseña hasta cuando se equivoca".

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