El sector turístico advierte del daño al destino del viajero de bajo coste

  • La provincia no vive aún, de forma constante, fenómenos como el de Magaluf, pero empresarios y administraciones piden un mayor control, sobre todo, de las viviendas turísticas

Una turista llega al aeropuerto de Málaga para una despedida de soltera en la provincia. Una turista llega al aeropuerto de Málaga para una despedida de soltera en la provincia.

Una turista llega al aeropuerto de Málaga para una despedida de soltera en la provincia. / marilú báez

Disfrutar de unos días de vacaciones en Málaga puede salir muy barato y eso atrae a un tipo de turista que gasta poco en el destino pero que masifica las instalaciones y obliga a todos los municipios a doblegar esfuerzos para mantener sus servicios de seguridad, limpieza, etcétera. Los empresarios y las administraciones siempre han defendido la necesidad de atraer a un turista de calidad, haciendo referencia al alto poder adquisitivo, aunque luego el mercado es el que es y a Málaga viene de todo. Desde los jóvenes que llegan para emborracharse en fiestas y despedidas de soltero hasta los millonarios que van en yate y juegan al golf.

El denominado turismo de low cost (bajo coste) empieza en el mismo vuelo. Un ejemplo. Viajar hoy domingo, 17 de septiembre, desde el aeropuerto de Stansted en Londres a Málaga con Ryanair y regresar el jueves 21 de septiembre cuesta 132,8 euros con la tarifa estándar. Una vez conseguida la plaza de avión, toca buscar alojamiento. En un portal de reservas hoteleras como Trivago aparece, por ejemplo, la posibilidad de dormir en el Hostel Málaga City, situado en plena calle Álamos, en una habitación compartida sin baño por 15 euros la noche, por lo que habría que pagar 61 euros (incluyendo gestión) por cuatro noches. Si se entra en plataformas de alquiler de viviendas como Airbnb hay multitud de ofertas a precios también muy reducidos. Entre hoy domingo y el jueves se puede dormir en la habitación de una casa en la capital por 15 euros la noche, a lo que hay que sumarle nueve euros de gestión.

Por tanto, si un turista quiere venir hoy a pasar cuatro días en Málaga lo puede hacer por un total de 193,8 euros, sin incluir lógicamente la comida, para lo cual hay todo tipo de ofertas. Desde bocadillos hasta grandes restaurantes. Si quiere conocer el resto de la provincia o incluso otras zonas de Andalucía, hay empresas de alquiler de coches que ofrecen vehículos desde dos euros diarios, aunque es un gancho promocional porque luego hay que sumarle el seguro.

Málaga no es aún, ni de lejos, Magaluf, pero no conviene dormirse en los laureles porque el turista de bajo coste va allí donde se lo pase bien al menor precio posible.

"Este verano me he metido en páginas como Airbnb y he visto que se podía dormir en el centro de Málaga por 10 euros. Eso hace que el cliente que viene gasta en proporción al alojamiento y si no hacemos algo el destino va a ir en la misma línea", denuncia Luis Callejón, presidente de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos), quien reclama "inversiones de calidad para poder promocionarlas". Jesús Sánchez, presidente de la patronal hostelera Mahos, apunta que "cuando viene más turismo lo hace de todo tipo, ojalá todo lo que llegase fuera del perfil que queremos pero, en cualquier caso, no pensamos que se esté acentuando sobre otros el turismo de bajo coste".

Ana María García es la presidenta de la Asociación de Empresarios de Servicio Vehículos de Alquiler (Aesva). Destaca que el verano, que aún no ha finalizado, ha sido bueno para el sector y han tenido un fuerte aumento de clientes. "Lo del dinero se ha convertido en una obsesión. Parece que todo tiene que ser barato y el mayor volumen de mercado se lo están llevando empresas de alquiler de coches low cost, que están surgiendo como setas, pero que dan un menor servicio".

Viajar es libre y el mercado también, por lo que cada compañía aérea, propietario de vivienda o restaurante pone el precio que quiere. Julio Andrade, concejal de Turismo en el Ayuntamiento de Málaga, expone que la estrategia de la ciudad para captar un turista de mayor poder adquisitivo ha sido apostar por los museos, los monumentos y las zonas peatonales, es decir, un turista de corte más cultural. Eso ha provocado que la mayoría de nuevos establecimientos hoteleros que se abren en la capital sean de cuatro y hasta de cinco estrellas -como la reciente incorporación del Miramar-, pero Andrade reconoce que "es inevitable que también venga otro tipo de turista que solo busque el ocio, pero nosotros tenemos que luchar por conseguir la calidad".

El Foro del Turismo, formado por el propio ayuntamiento y los empresarios y reunido esta pasada semana, está más que preocupado con la existencia de viviendas turísticas ilegales porque llevan aparejados precios bajos y menor seguridad. Para evitarlo pide a las plataformas que solo permitan el alquiler de viviendas que tengan el registro oficial de la Junta de Andalucía, aunque, por ahora, no han recibido el visto bueno de estas empresas. "Necesitamos la complicidad de las plataformas. Aún no es un problema, pero queremos prevenir y no curar, adelantarnos antes de que el problema nos estalle y eso se hace forzando la máquina, con la inspección y la denuncia", dice Andrade.

El sector turístico siempre se ha congratulado de que venga el mayor número de turistas posible y ha aplaudido cuando se han superado los ocho, nueve, diez millones de viajeros... Pero, a la par, siempre ha reclamado que lo importante es la calidad y no la cantidad. Se ha jugado a dos bandas, aunque el fuerte despliegue de viviendas turísticas, tanto en Málaga como en otras partes de España, ha abierto nuevas dudas sobre el futuro de este destino turístico.

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