Un segundo atraque

EL 16 de agosto de 2006, se realizaba en nuestro Puerto una muy especial maniobra. El Santisima Trinidad II; ese artefacto flotante, idealización del mayor y más famoso navío español del siglo XVIII, tenía que cambiar de atraque. Tras haber permanecido desde su llegada en el muelle número 2, ahora, debía cambiar su ubicación al muelle 3A1; lugar donde iniciaría sus actividades como bar de copas y restaurante.

Con el práctico a bordo, el remolcador Dihecisiete listo para actuar y los amarradores a pie de muelle, comenzó la maniobra; una operación que por momentos se fue complicando hasta convertirse, si me permiten la expresión, en una verdadera odisea.

Las muy escasas cualidades marineras del Santisima Trinidad, dificultaron una operación que, por otra parte, es bastante habitual de ver en nuestro Puerto; aunque eso sí, siempre realizada con barcos de verdad que responden a maniobras tan simples como la que en aquella ocasión se estaba realizando.

Con la imposibilidad de que el Dihecisiete pudiera apoyarse y empujar como es debido -cada vez que lo intentaba la tablazón del casco de este artefacto flotante crujía indicando una inminente ruptura-, y con la ayuda de las lanchas de los prácticos y amarradores, finalmente el costado de babor del Santisima Trinidad quedaba situado, no sin pocas dificultades, en su nuevo muelle de atraque.

Y aunque nuestro Puerto ha vivido maniobras mucho más complicadas; sin duda alguna, el segundo cambio de muelle del Trinidad constituye una de más extrañas maniobras que hemos podido ver en los últimos años. Una curiosidad que muy pronto retomaré cuando les cuente lo que ocurrió en el tercer cambio de muelle de este artefacto flotante.

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