La sequía se ceba con el campo

  • Los agricultores están viviendo una difícil situación por la falta de agua y muchos optan por abandonar sus cultivos · El ganado está siendo abastecido con cubas

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Unos llevan dos años sin poder regar sus cultivos y los otros temen que no haya agua para aguantar hasta el verano. Los agricultores del Valle del Guadalhorce y de la Axarquía están viviendo de forma muy distinta una sequía que ya dura demasiado tiempo y que amenaza con llevar a la ruina a muchos de los que dependen del campo.

En la comarca del Guadalhorce lo saben muy bien. Hace más de dos años que la Cuenca Mediterránea Andaluza decidió aprovechar los recursos salobres de los embalses para que fueran tratados en la planta desalobradora de El Atabal, y reservar así el agua dulce por si el periodo seco se prolongaba.

Pero eso significaba que los agricultores no podrían regar sus cultivos de cítricos mientras se mantuviera esta situación porque sólo existe un canal para transportar el agua desde los pantanos del Guadalhorce hasta Málaga y es el que hasta entonces también se usaba para el riego.

No tuvieron más remedio que aceptarlo, aunque no imaginaban las consecuencias que acarrearía. Después de más de dos años la situación es tan delicada que cada vez son más los que optan por abandonar unas tierras que ya están perdidas por la falta de agua. Una clara prueba es que de las 8.000 hectáreas de cítricos que había cultivadas en la zona antes de que empezara la sequía, sólo queda la mitad.

Lo peor, según los afectados, es que los árboles que han logrado resistir a la dura sequía están tan necesitados de agua que los pocos frutos que están dando son pequeños y de baja calidad, por lo que resulta imposible que sean competitivos en el mercado.

Según sus cálculos, la producción anual de cítricos del Guadalhorce ha pasado desde que empezó el periodo seco de unos 40 millones de toneladas a sólo dos millones en el último año.

Los agricultores están desesperados. Paco Marín, presidente de la comunidad de regantes del Guadalhorce, lo está viviendo en primera persona. Su plantación de cítricos se mantiene a duras penas gracias a los tres riegos de socorro que la Junta de Andalucía les ha concedido en estos dos años y a la poca lluvia que ha caído durante el invierno. Pero no es suficiente y de los 150.000 kilos de naranjas que solía coger cada año ahora no llega a los 20.000.

La finca era de su padre y después de tantos años de sacrificio asegura que "no queremos dejarlo perder, aunque sabemos que estamos manteniendo una ruina".

Los que tienen la suerte de disponer de un pozo propio están algo mejor que los demás, pero no tanto como para no estar preocupados por el futuro de la arboleda si la situación se mantiene.

Ya están cansados de pedir un nuevo riego de emergencia y casi han perdido la esperanza de recibir una ayuda económica que les ayude a afrontar el que parece que será el cuarto año de sequía consecutivo.

Tampoco han recibido una solución las 15 familias que viven en la zona de la Cuesta Cantero en Cártama a pesar de llevar más de dos años sin agua potable en sus viviendas. Todas ellas se abastecían también del agua que se enviaba a través del canal a Málaga desde los pantanos del Guadalhorce hasta que empezó la sequía. Desde entonces se ven obligados a comprar agua en bidones para poder hacer algo tan cotidiano como cocinar, beber o darse una ducha.

María Victoria González está sufriendo esta situación por partida doble ya que, además de no tener agua en su casa, es la propietaria de una granja de 300 cabras a las que tiene que dar de beber todos los días.

Paga 80 euros por cada cuba de 10.000 litros de agua que una empresa distribuidora le trae dos veces a la semana en verano y una en invierno. Es un gasto que asegura que no puede mantener. "Antes mi familia vivía de la granja y ahora mi marido se ha tenido que ir a trabajar fuera porque no podemos aguantar más con tantos gastos y llevo sola todo el trabajo", contó esta ganadera.

Sólo durante el verano la Oficina Comarcal Agraria envió cinco cubas de agua para que pudiera dar de beber a sus cabras porque el agua salada del canal podría matarlas.

Pero es que, además, la falta de agua ha impedido que crezca el pasto en el campo y no tiene más remedio que alimentar a las cabras con pienso: ocho sacos diarios que le obligan a desembolsar alrededor de 3.000 euros cada mes.

Es una mujer valiente que trabaja de sol a sol todos los días del año para tratar de sacar adelante la única herencia que le dejó su padre, aunque ya no le salen las cuentas y no sabe cuánto tiempo podrá aguantar más.

La situación de la Axarquía no es tan preocupante, aunque sí tiene visos de serlo si el pantano de La Viñuela del que se abastecen los agricultores de la zona sigue disminuyendo sus reservas al ritmo del último año y apenas le quedan 40 hectómetros cúbicos de reservas. Y es que a pesar de ser el pantano más grande de la provincia ya tiene menos agua que el de la Concepción que es, después del Limonero y Casasola, el de menor capacidad.

Las 5.000 hectáreas de cultivos de la zona, la mayoría de aguacate y mango, de momento no han tenido problemas de agua. El vicepresidente de la comunidad de regantes de la Axarquía, Miguel Rueda, dice que desde que empezó la sequía no han dejado de regar y que la arboleda se está manteniendo en unas condiciones aceptables.

Su preocupación se centra ahora en que continúe sin llover y la Cuenca Mediterránea Andaluza les restrinja el agua para el riego de las plantaciones de la comarca, que se riegan gracias a un moderno sistema de canalizaciones que permite llevar el agua del pantano hasta las parcelas que se encuentra en la margen izquierda del río Guaro. Las otras 4.000 aún están pendientes de que el Gobierno acometa el tantas veces prometido plan Guaro.

Por precaución, muchos agricultores han dejado de plantar aguacates y han optado por los mangos que son más resistentes a la escasez de agua.

A partir de ahora sólo les queda cruzar los dedos y mirar a un cielo que no parece estar dispuesto a dejar escapar ni una gota de agua que ponga punto y final a esta cruel sequía.

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