Bajo la sombra de un nuevo éxodo

  • Santa Rosalía se opone al puerto seco que proyecta el POT de Málaga y su área metropolitana · Buena parte de los afectados tuvieron que emigrar hace treinta años de Peñarrubia al construirse un pantano

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Santa Rosalía. No al Puerto Seco. Es el mensaje que reza en tres camisetas colgadas en una de las paredes del restaurante Campo Sol, situado justo a la entrada del barrio de Santa Rosalía-Maqueda y a pocos metros del recinto del Parque Tecnológico de Andalucía (PTA). Esa es justamente la oración con la que desayunan a diario todos los clientes que acuden a este establecimiento y el resumen certero y contundente del sentimiento que tiene una barriada que durante años se ha sentido excluida y marginada de la gran capital de la Costa del Sol.

Tras ser objeto durante años de numerosas expropiaciones de suelo, sus vecinos se topan de lleno ahora con la idea de la Junta de Andalucía de levantar en la zona una plataforma logística de apoyo al Puerto de la capital de 290 hectáreas de extensión. La propuesta, dibujada en el Plan de Ordenación Territorial (POT) del área metropolitana de Málaga, ha provocado una contundente protesta por parte de los residentes, que consideran "inapropiado" dar este uso a un espacio ocupado, en su mayoría, por cultivos de regadío y pequeñas explotaciones agrícolas.

La idea de cambiar los naranjos y las verduras por los contenedores y las máquinas de carga y descarga no convence en absoluto a estos ciudadanos. Y en especial a aquellos que se verían afectados directamente por la ocupación de las parcelas. "Hay unos 400 propietarios que tendrían que ser expropiados para poder hacer el puerto seco y a un precio que apenas rondaría los 4 euros por metro cuadrado", comenta Pedro Naranjo, uno de los impulsores de la plataforma de vecinos que rechaza la iniciativa autonómica.

Y en cada uno de los casos, una historia humana, con el denominador común de la desesperanza, la indignación y la sensación de indefensión que se tiene ante la posibilidad de que se les arrebate lo que tanto trabajo y esfuerzo les ha costado levantar. Vidas, en algunos casos, marcadas por la sombra del éxodo, del traslado, del desplazamiento. Muchos de los que actualmente ocupan los terrenos sobre los que se delimita esta plataforma logística pisaron por primera vez esa tierra treinta años atrás, cuando se vieron obligados a abandonar el pueblo de Peñarrubia expulsados cuando se anunció la construcción de un pantano que iba a cubrir de agua las casas.

Ahora, de nuevo, la sombra del éxodo se cierne sobre ellos. O sobre sus hijos. O sobre sus nietos. Es la historia de Cristóbal Quirós, que a sus casi 80 años, acude a diario a la parcela de su hijo, del mismo nombre, para dar de comer a las gallinas, recoger sus huevos y adecentar el pequeño huerto. Con la mirada marcada por el recuerdo de una huida que parece tan reciente, admite con amargura la confusión que le produce esta situación. "Si eso ocurre seré explotado por dos veces. Ya me engañaron en Peñarrubia, cuando nos dieron cuatro gordas por lo que teníamos y ahora, después de treinta años, trabajando de noche y de día para poder dar a mis hijos lo que tienen, vienen y nos dicen que nos vayamos de aquí", relata.

Cristóbal hijo levantó hace algo más de dos años su vivienda en una pequeña parcela situada al lado mismo de la barriada. "Soy hijo de colonos", admite con orgullo y subraya que lo único que quiere es vivir tranquilo. "En este tiempo me he gastado el dinero en traer tierra buena para el huerto, he construido un aljibe y tengo unos olivos que este año ya me han dado ocho garrafas de aceite. Y eso es una alegría para mí", confiesa. A su lado, los ojos de su hermano José muestran la amargura con la que muchas familias de Santa Rosalía viven estos momentos, la inquietud de qué es lo que les deparará el mañana y la indignación de ignorar por qué la equis, que siempre señala un tesoro en los mapas, marca en su caso una amenaza. "Nos expropiaron de Peñarrubia en 1972 y después de dejar tus raíces, de que te vienes aquí con 5 años, ahora te dicen que lo que tienes también peligra".

Más allá de los relatos personales, el mensaje que tiene unida a Santa Rosalía tiene mucho que ver con el abandono que viene sufriendo el barrio desde hace años. "Ahora que empezábamos a levantar la cabeza, que se ve que se quiere impulsar la construcción de casas en la zona y de espacios industriales, nos encontramos con lo del puerto seco". Son las palabras de José Quirós, que, no obstante, podrían ser repetidas por cualquiera de los vecinos.

La fuerza de la unión es tal que la plataforma en contra del puerto seco recogió en apenas unos días 4.434 firmas de ciudadanos que se adherían a su reclamación y que fueron presentadas en forma de alegación ante la Consejería de Obras Públicas de la Junta. Aún hoy, a pesar de haber quedado cerrado el plazo de información pública, cientos de personas siguen rubricando con su nombre y apoyo la iniciativa. "El 90% de las personas que viven en Santa Rosalía están en contra", comenta Pedro Naranjo, quien precisa que la negativa no parte sólo de los dueños de suelo, sino de todos los vecinos. "Si se construyese el puerto seco, habría viviendas que estarían a sólo cincuenta metros de las vallas", señala.

Antonio Fayos es valenciano de nacimiento. Llegó a esta parte de Málaga hará veinte años para dirigir el centro de investigación agraria que la Junta instaló en esta zona y que, según comenta, también se verá afectado por el proyecto. Su mirada es la de alguien que ha visto el constante cambio del barrio. "En la última década es cuando Santa Rosalía ha empezado a crecer y se observa una verdadera vocación urbanística. Con el PTA, a un lado, y las previsiones del Plan General, lo normal es que la gente se pueda asentar en esta zona y no tenga que ir y venir a Málaga. Creo que hay un error de enfoque y estamos a tiempo de solucionarlo". Su anhelo es el de todo un pueblo.

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