El sosiego de un hombre conciliador

  • El perfil del presidente del tribunal, clave para lograr que un procedimiento de esta magnitud alcance la fase de juicio

El magistrado que escribirá la sentencia del caso Malaya es de complexión gigantesca y aspecto apacible. Es un hombre de interior al que le gusta navegar. Toca la guitarra flamenca y pinta soldaditos de plomo. No tiene aspiraciones más allá de seguir en su sala y rehúye el protagonismo, pero va a juzgar la mayor red de corrupción política destapada en España en un juicio que será seguido por más de 300 profesionales de 60 medios de comunicación. Definitivamente, el juez José Godino parece una persona capaz de conciliar extremos irreconciliables. "Es ponderado y ecuánime. Un excelente presidente para Malaya", explica uno de los 100 abogados que a partir de mañana lunes acudirán al estrado de la sala de vistas de este macrojuicio. "En veinte años jamás le he visto tratar con animosidad a un acusado o a un letrado. Siempre recibe a los profesionales y no es de los que te dejan en pie en el despacho haciéndote sentir incómodo".

Nacido en La Carolina (Jaén), llegó a Málaga hace 23 años. Desde que se promocionó a magistrado de la Audiencia, tras pasar por un juzgado de lo Social de San Sebastián y por un antiguo mixto de Torremolinos, siempre ha formado parte del tribunal de la Sección Primera. Allí ha conformado sala con los sucesivos presidentes de la Audiencia: Manuel Rodríguez López, Manuel Torres Vela y Francisco Javier Arroyo Fiestas, hasta que este último pasó a la jurisdicción civil y él asumió la presidencia de la sección.

Quienes le conocen subrayan su talante conciliador, una cualidad a la que se debe en gran medida que el juicio de Malaya esté a punto de ser una realidad. Ha sabido evitar las renuncias inesperadas de letrados y otras maniobras sorpresivas que tradicionalmente han sido capaces de parar durante años procedimientos de muchísima menos enjundia, a cambio de una calculada flexibilidad en la admisión de pruebas y un trato de una cordialidad intachable. En casos extremos no le ha importado ejercer de bombero y telefonear personalmente a abogados para pedirle que despejaran el camino de Malaya.

Esa actitud personal, sumada a una imperturbable calma y a una trayectoria en la que ha sido visto como una persona "sensible, cordial en el trato y valiente porque es de los que toma decisiones sin dejarse presionar por el entorno", afirma otro letrado, le ha valido la colaboración de abogados y hasta procesados. El último ejemplo ha sido el propio Juan Antonio Roca. A mediados de julio el letrado José Aníbal Álvarez renunció a defender al presunto cerebro de la trama de corrupción porque el magistrado Godino no aceptó liberar fondos intervenidos para pagar sus honorarios. Apenas unas horas después la abogada Rocío Amigo comunicó a la sala que se hacía cargo de esta defensa y se comprometía a no solicitar ningún aplazamiento de la vista a pesar de que apenas contaba con dos meses para estudiar un caso que ocupa 200.000 folios, preparar el escrito de defensa y las cuestiones previas que expondrá el primer día de vista oral.

Godino no escatima elogios hacia los abogados por el espíritu colaborador que han mostrado con el tribunal, un criterio que también comparte el presidente de la Audiencia, Francisco Javier Arroyo, quien resalta que se trata de un magistrado "dialogante y tolerante, un profesional sosegado, legal, paciente, con un alto concepto de la amistad y una gran capacidad para las relaciones públicas". Afirma que sus sentencias "rezuman rigor técnico y benevolencia". José Godino presidirá el tribunal del que también forman parte Rafael Linares, un magistrado reconocido por evitar la pasividad que con frecuencia caracteriza a los jueces que no son ponentes de las sentencias, y Manuel Caballero-Bonald, quien también dejó huella de su perfil dialogante durante su etapa como juez decano de Málaga y que aún recién llegado a la Audiencia no ha tratado de escurrir el bulto y evitar el marrón de un juicio que previsiblemente durará más de un año.

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