menores | análisis sobre agresiones en la infancia y la adolescencia

La tierna cara de laviolencia

  • Directores de instituto, entidades especializadas y la oficina del Defensor del Menor intentan hallar un porqué a las conductas más negativas de la infancia

La tierna cara de laviolencia La tierna cara de laviolencia

La tierna cara de laviolencia / rosell

Las noticias han generado el debate. Si la pasada semana terminó con el caso de una supuesta violación a un niño de 9 años en Jaén, ésta comenzaba con los presuntos abusos sexuales a un menor discapacitado por parte, al parecer, de compañeros de su instituto. En los medios de comunicación y en las redes sociales se ha hablado de verdugos que consumen demasiada violencia en sus juegos, que acceden sin control parental a pornografía en internet, de padres negligentes que no saben poner límites e hijos tiranos que creen que se lo merecen todo y son incapaces de encontrar la empatía en el sufrimiento ajeno. "Cuando actúan así con seguridad hay un problema, hay que ver cuál es la causa que implica este comportamiento e intentar trabajar en su prevención, no se puede tirar la toalla con los niños", dijo el pasado lunes la consejera de Igualdad y Políticas Sociales, María José Sánchez Rubio. Sobre todo, como apuntan los expertos, porque son los adultos del futuro y hay que evitar que sigan perpetuando su figura de maltratador.

Celia Nevado es la directora de los programas de evaluación y tratamiento a menores víctimas de violencia y de intervención social y terapéutica con menores que ejercen violencia física, psicológica o sexual de la Fundación Márgenes y Vínculos. Trabajan en colaboración con la Junta de Andalucía para atender a niños con conductas violentas a partir de los 10 años. "Los estudios internacionales establecen que entre un 10 y un 20% de la violencia sexual hacia menores es cometida por otros menores", dice la especialista. Pero no siempre se ejerce de una manera consciente. "Muchos no identifican la conducta como violenta o inadecuada porque la han vivido con anterioridad, es decir, que han sido víctimas o porque no han tenido una adecuada educación afectivo-sexual y cuya única fuente de aprendizaje en ocasiones ha sido a través de las nuevas tecnologías", dice Celia Nevado. A eso se unen factores personales, como subraya la especialista, entre ellos poco control de impulsos y falta de empatía, que no sean capaces de conectar con el sufrimiento que causan en otros.

Los niños tienen que aprender a frustrarse, a no tenerlo todo, no son el centro del mundo"

Aunque ahora se conocen más casos porque la sensibilización es mayor gracias a las campañas preventivas y a una mayor información, "este tipo de actos tienen una enorme cifra negra, muchos no salen a la luz porque los propios menores no lo llegan a identificar o porque lo asumen como una especie de juego raro que no se atreven a contar", apunta la directora de estos dos programas en esta ONG. Y habla de cuestiones a mejorar para poner freno a estas conductas. "A nivel macro habría que trabajar por una sociedad que sea más protectora de los menores de vivencias inadecuadas, un niño testigo de violencia en su casa la va a reproducir , hay que acabar con estereotipos y mensajes tolerantes con la violencia", agrega.

Y en el seno familiar, "una buena comunicación es la herramienta fundamental para la prevención, que los menores se sientan que pueden hablar de cualquier situación, que comenten lo que pasa en el colegio, lo que ven en las noticias y darles una información adecuada, hablar de la sexualidad desde que son pequeños adaptando el discurso a su edad", indica Celia Nevado, para la que también es muy importante predicar con el ejemplo y educar en valores para una buena convivencia, además de una intervención temprana "para que no se repitan estas conductas en la edad adulta".

María Teresa Salces, de la Oficina del Defensor del Menor, considera que "vivimos una nueva plaga de la sociedad moderna representada por padres permisivos, incapaces de fijar límites a la conducta de sus hijos, consentidores de sus caprichos, complacientes con sus defectos e impotentes para poner freno a sus desmanes". En esta entidad, que en 2016 intervinieron en unos 40 casos de acoso y este pasado año en una veintena, no tenían antecedentes de una situación de acoso escolar con un resultado de abuso sexual presunto como el ocurrido en Jaén. Pero sí que han estudiado ampliamente el bullying y los abusos sexuales a menores. "Vivimos volcados en el consumo y el ocio e insertos en un competitivo mercado laboral donde los padres, llevados por sus exigencias laborales o por sus apetencias de ocio individual, cada vez tienen menos tiempo para estar con sus hijos y menos deseos de dedicar ese escaso tiempo compartido a ejercer su labor como padres educadores y como formadores de la personalidad de sus hijos", agrega Salces en un informe de la Oficina del Defensor del Menor. Desde la institución no se responsabiliza exclusivamente a los progenitores. También se fija en el ámbito educativo. "La escuela no debe limitar su función a la mera transmisión de conocimientos y enseñanzas a los alumnos, sino que debe asumir como propia la tarea esencial de contribuir a la formación en valores de las personas menores, complementando y reforzando la labor de las familias en este mismo ámbito", indica Salces.

Para intentar frenar el problema de la convivencia en los centros escolares andaluces, que no es tan alarmante como las cifras pueden hacer creer, el Defensor del Menor sugiere a la administración que se incrementen los medios personales y materiales de los centros de Secundaria, que se mejore en el nivel de formación y preparación pedagógica del profesorado para poder atender a la diversidad actual, que se dote a los institutos de unos departamentos de orientación operativos y funcionales e incorporar a los centros docentes nuevos profesionales especializados en el ámbito de las relaciones humanas y en la resolución de situaciones conflictivas, tales como mediadores o trabajadores sociales, o la creación de aulas de convivencia.

Tener acceso a internet sin control parental, disfrutar de videojuegos especialmente violentos y padres sobreprotectores son algunas causas que ven los directores de instituto de la provincia al problema de la agresividad en edades tempranas. También apuntan a la "desestructuración familiar, a la falta de valores y de referentes" y critican la "cultura del móvil sin límites" por parte de los progenitores y la "poca dedicación de las familias a la educación de sus hijos".

"En los centros pensamos que formamos al alumnado, en general, para evitar el bullying, el ciberacoso, para hacer un uso responsable de las nuevas tecnologías... Pero los padres, últimamente, son demasiado protectores y críticos con las escuelas, lo que se traduce en pérdida de respeto en todos los sentidos", comentan desde la Asociación de Directores de Institutos de Andalucía (Adian). Y añaden que "hay demasiada agresividad en los medios, en la sociedad y en sus familias, imitan comportamientos que traen a los centros educativos, ven que sus progenitores que vienen a la escuela muy agresivos, faltando al respeto a los equipos directivos, a los docentes y compañeros y parece que todo se arregla con la violencia verbal o física".

También hacen autocrítica y consideran desde la entidad que "falta unanimidad y contundencia con la presencia de móviles en la escuela, posiblemente es una contracorriente que habría que reconsiderar". Porque, estiman, "no somos más que el reflejo de esta sociedad hipertecnológica y descontrolada". Y van más allá. "Seguimos castigando a los niños cuando el origen, muchas veces, está en los adultos", apuntan los directores de institutos. "Además, creemos que los chicos y chicas tienen desde muy jóvenes información y estímulos que no saben gestionar".

Desde Adian subrayan que "hace falta un cambio social, profundo y un respeto obligado a las instituciones, a los agentes sociales y al sistema. La garantía de los derechos de algunos no puede ser a costa de conculcar derechos de los otros". Celia Nevado, de la Fundación Márgenes y Vínculos, asegura que los niños "tienen que aprender a frustrase, no tienen que tenerlo todo y no son el centro del mundo". Y apunta que de familias hay muchos perfiles. "Hay padres negligentes e incluso maltratantes y otros que no se dan cuenta de que no le dedican el tiempo suficiente a darle esa calidad en valores para la convivencia en sociedad".

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