Las tormentas de verano obligan a adelantar la vendimia en Málaga

  • Los agricultores de la comarca Norte se arriesgan a perder toda la cosecha por el moho gris ante la saturación de agua de la uva · La producción caerá entre un 10 y un 15% pese a las buenas perspectivas iniciales

Unos minutos de lluvia han modificado de arriba abajo la vendimia en Mollina. Los 60 litros que cayeron casi de golpe la pasada semana en la zona han hecho saltar las alarmas entre los viticultores. Tanto, que en la Cooperativa Nuestra Señora de la Oliva, principal destino de la uva de la comarca, trabajan a marchas forzadas ante el miedo a que se pierda la cosecha. Y se han visto obligados a adelantar la recogida de la uva cerca de 10 días. Parece poco tiempo, pero si los vendimiadores no se echan al campo ya, el único destino de la uva será convertirse en estiércol.

Al campo casi todo le afecta. El aguacero ha propiciado que las viñas tengan exceso de agua, la uva engorde demasiado y su piel se raje. Primer paso de un proceso irreversible: la uva rota se pudre y la gota de mosto que cae sobre sus compañeras de racimo es el caldo de cultivo ideal para la botritis o moho gris, el hongo causa de la podredumbre. El calor hace el resto y, en unos días, estiércol. Es irónico, pero en pleno agosto ha quedado prohibido el riego. Cualquier aportación nueva de agua sería letal. Al cielo, mejor ni mirarlo.

Por eso, cuando el técnico de la cooperativa, Joaquín Zavala, advierte la presencia de unos aspersores en funcionamiento en un viñedo, no pierde tiempo en avisar al propietario de la finca. Hay que apagarlos lo antes posible. "Lo único que hacen es acelerar el proceso y reventar más uvas", afirma el técnico. Francisco Muñoz, el dueño, le hace caso. Él mismo lleva días de adelanto en la recogida, que en su caso realiza con una máquina. Este ingenio hace en un día el mismo trabajo que 50 jornaleros. "Hay que darse prisa", subraya Muñoz, que se dirige rápidamente hacia la cooperativa a descargar su tractor. Es el primero en llegar cuando apenas son las 8.30 de la mañana de un largo día.

Evitar que el proceso de putrefacción se desarrolle al completo es la obsesión de todos en Mollina en los últimos días. El propio enólogo de la cooperativa, residente en Valladolid, tomó el primer tren que pudo tras ser avisado del estado de las viñas: "Me temía lo peor", afirma. La cosecha iba hasta la semana pasada siguiendo un calendario ideal. El rendimiento era el mejor de muchos años y la uva crecía, mimada, a la perfección. Pero la tormenta aguó los planes. Todo cambió. Y saltaron las alarmas.

La respuesta ha sido rápida y evitará males mayores. Desde antes que amanezca, Zavala comienza a tomar muestras en los viñedos ante las constantes llamadas temerosas de los viticultores. La evidencia es que hay que adelantar la vendimia. Algunas uvas no están aún maduras, otras no tiene su acidez ideal... "pero no nos podemos retrasar mucho", afirma el especialista. "El ataque de los hongos se ha multiplicado y la calidad en algunas fincas más bajas de la vega se ha visto mermada por la tormenta", explica Sanz, mientras Zavala señala algunos de los racimos que empiezan a pudrirse. La producción descenderá entre un 10 y un 15 por ciento respecto al año pasado, que fue de 3,4 millones de kilos.

La situación es más preocupante porque la lluvia ha afectado especialmente a la variedad Pedro Ximén, uva blanca mayoría en la zona. "Tiene la piel más delicada y se rompe más fácilmente", explica. Por eso, aunque se preveía que la vendimia comenzara a finales de la próxima semana, la recogida comenzó oficialmente antes de ayer. Hay que adelantarse a la botritis. "Si lo hacemos así, la inmensa mayoría de la cosecha no se verá afectada", subraya José Manuel Velasco, presidente de la cooperativa Virgen de la Oliva. "Es lo mejor", añade su enólogo, que subraya optimista: "Ojalá tuviéramos esta uva en Ribera del Duero todos los años".

La menor presencia de la uva tinta y su carácter temprano, ha evitado que la tormenta le afecte demasiado. Allí la variedad predominante es syrah, ya madura y que empezó a recogerse a primeros de agosto. La que aún no había sido vendimiada, ha aguantado mejor el chaparrón: Su piel es más dura y ha resistido mejor el engorde por el exceso de agua. "Algunas fincas hasta se han beneficiado del agua caída", dice Velasco. Pero la desconfianza cunde y los primeros síntomas de botritis empiezan a vislumbrarse en los racimos que aún permanecen en las viñas. "Por eso hemos adelantado la recogida", explica Antonio Carmona, que ha comenzado a cortar la uva una semana antes de lo previsto.

Su cuadrilla está formada por cuatro hombres. Trabajarán entre tres y cuatro días -a unos 50 euros el jornal- en la hectárea de viñedo de Carmona. Sacarán entre 8.000 y 10.000 kilos de uva con un duro trabajo marcado por las picaduras de los bichos y, sobre todo, el calor de la vega antequerana, donde los termómetros rondan los 30 grados antes de que den las diez de la mañana: Hay que salvar la cosecha. Aún están a tiempo. "Así es el campo", destaca uno de los vendimiadores tras echar un trago de agua fresca de un botijo para saciar su sed. Es la única agua que hace falta ahora en las viñas.

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