Un traje y ocho disparos

  • Las pesquisas policiales dibujan al hombre tiroteado en Marbella como un delincuente de poca monta, algo que desconcierta a los investigadores, que se preguntan por qué lo mataron de ocho disparos

En el mundo del crimen organizado nada es lo que parece. Los estereotipos dibujados con el paso de los años han fijado en las mentes imágenes que, en ocasiones, esconden vidas que no proyectan. Este es el caso del ciudadano francés que el pasado día 12 murió acribillado a las puertas de un restaurante de Marbella. La crueldad de los sicarios que acabaron con su vida y la forma de desenvolverse durante el poco tiempo que llevaba en la Costa del Sol hacían pensar que se trataba de un auténtico capo que da sus últimos estertores sobre un charco de sangre. Pero bajo su traje de Christian Dior escondía a un delincuente de poca monta con un escaso historial delictivo y unos ademanes bravucones. ¿Por qué asesinar de ocho disparos y ante numerosos testigos a una persona con este perfil? La cuestión desconcierta a los investigadores.

Los agentes de la Udyco de la Costa del Sol han buceado en los últimos días en su personalidad, relaciones y actividades. Fuentes policiales describieron de forma contundente al fallecido, de unos 30 años y conocido por su atractivo físico. "Era un auténtico fantasma al que le gustaba mucho aparentar. Todo fachada", sentenciaba con dureza un agente.

El joven francés había confeccionado un personaje a su medida. Los testimonios recogidos en La Manzana de Oro marbellí horas después de su muerte destacaban que acudía con cierta regularidad a un elitista gimnasio, cuya matrícula de inscripción es de 300 euros, y que era habitual verle en el restaurante Visconti, donde encontró la muerte.

La interpretación se completaba con un fondo de armario donde colgaban trajes rematados con etiquetas de conocidos diseñadores, cuatro teléfonos móviles de alta gama, un fajo de billetes con el que compraba la atención de los que le rodeaban -en el momento de su muerte portaba 1.000 euros en efectivo- y una novia de nacionalidad rusa.

En el poco tiempo que llevaba en la Costa del Sol, en el que no acumuló ningún antecedente penal o policial, precisamente no se había preocupado por pasar desapercibido, algo que se exige a un delincuente supuestamente relacionado con el narcotráfico.

Las fuentes consultadas manifiestan que las dudas que rodean a la investigación de un crimen de tales características se acrecientan en éste por la figura y personalidad de la víctima y por el proceder de los pistoleros que lo acribillaron. "Es desconcertante que se hayan molestado en matar de ocho disparos a un chorizo de poca monta", señalaban.

Las primeras pesquisas han confirmado que los asesinos eran profesionales, auténticos killers con un excelente manejo de las armas cortas y con una precisión en el disparo equiparable a la frialdad con la que actuaron. Cada tiro que descerrajaron estaba estudiado, incluso los dos que impactaron en los testículos de la víctima. "Tal vez sea porque se metió en la cama que no debía o porque los asesinos querían dejar un mensaje", aportaba un agente sobre la intencionalidad de estos impactos.

Aunque los investigadores no desechan la posibilidad de que el móvil del crimen pueda ser pasional, la línea de investigación con la que están trabajando los agentes es la del ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico. "Todo apunta a que se apropió o no devolvió dinero o droga", señalaban las fuentes consultadas, que reiteraron su incomprensión por los alardes de la víctima, ya que en esas situaciones lo mejor es pasar desapercibido. "Era un broncas y un enterado", sentenciaron como últimas pinceladas de la personalidad de éste.

Las pesquisas policiales han ayudado a conocer quién era este joven francés acribillado en plena calle, pero cada dato sobre él confunde aún más a los investigadores, que siguen buceando en sus contactos comerciales en la Costa del Sol. ¿Quién y por qué quería su muerte? La Udyco busca la respuesta.

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