Discapacidad

Esta vida loca

  • Ante los trastornos psiquiátricos sólo se puede actuar con la prevención y el diagnóstico precoz · La familia es el principal apoyo de estas personas y el cariño y la comprensión hacen eficaces los fármacos

QUIZÁS sea uno de los términos más aceptados por todos y que sin duda más alejado está de la realidad que queremos designar con él. Fruto del desconocimiento de muchos, aceptamos como loco a todo aquel que tiene un comportamiento diferente a lo que consideramos normal, convencional, y lo designamos de este modo sin el mayor pudor.

Más del 25% de la población a lo largo de su vida sufrirá algún trastorno psiquiátrico y podemos culpar de ello a las mil y una situaciones que nos rodean, y como principales factores incidirán acuciando nuestros trastornos el estrés, las drogas, alcohol o cualquier otra adicción que nos separe de la realidad.

Quizás el principal error consiste en considerar que no nos ocurre nada, y convencernos de que nuestra realidad es la lógica ante el más mínimo indicio de aislamiento.

Sea como fuere, ante este mal compartido por todos sólo se puede actuar con la prevención, el diagnóstico precoz y, sobre todo, con la comprensión y ayuda necesarias para salir de esta dolencia.

Sin duda no es el aislamiento un buen compañero de estos trastornos y desde la esquizofrenia hasta la depresión, pasando por la psicosis o la bipolaridad, la apertura a la sociedad en general, conociendo cómo actuar ante estos pacientes y provocando la normalización de propios y extraños, hará efectiva no sólo la medicación que controla los impulsos sino que seguramente consiga disminuirla, acercando las posturas de ambos; por un lado se perderá el miedo por el desconocimiento de estas enfermedades y por otro, se conseguirá acercar a los pacientes, ayudándolos a aceptar aquello que aunque a veces comprendan, se niegan a aceptar.

El proceso de aceptación de la enfermedad por el paciente es probablemente un paso de gigante hacia la curación o al menos para alcanzar el equilibrio necesario para una vida normalizada.

Es la familia el principal apoyo de todas estas personas y aunque es cierto que los avances en farmacología posibilitan el control de los brotes, los procesos de aceptación y sobre todo de superación no los consigue de momento ningún medicamento, sino sólo el cariño, la comprensión y la ayuda para salir del bache.

Y en esta situación de comprensión y ayuda mutua nos encontramos, sin olvidar que fue en los 80 cuando desaparecieron los manicomios, teóricamente por su ineficacia terapéutica, dejando a los pacientes en manos de las familias y de la red asistencial de salud mental, y también, según muchos informes, de las patios y enfermerías de las prisiones, calculando según datos de los propios responsables de las instituciones penitenciarias que aproximadamente 20.000 reclusos a finales del 2008 tenían un diagnóstico psiquiátrico.

Muchos entraron en prisión con antecedentes psiquiátricos y otros los han desarrollado entre el patio y la celda.

En este ambiente se mueve la Asociación Afenes, organizando la primera semana de salud mental, en torno al día internacional, para que todos conozcamos una realidad que nos negamos a aceptar, pero por más que miremos hacia otro lado no cambia. Por todo ello, mi más sincera enhorabuena por todo su trabajo.

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