Las dos vidas de Víctor

  • Francisco y Gemma acogieron a Víctor, pese a su parálisis cerebral, y hoy ultiman los trámites de adopción. Sostienen que todos los esfuerzos "merecen la pena"

A Víctor le han salvado la vida dos veces. La primera, cuando ingresó en el hospital al borde de la muerte nada más nacer cuando su madre se estaba practicando un aborto, embarazada de seis meses. Sobrevivió, pero hoy no ve, no escucha, no puede andar... La segunda, cuando contra todo pronóstico una pareja lo eligió precisamente a él para sacarlo del centro de protección donde vivía desde que su madre lo abandonó para acogerlo durante una temporada en su casa. Hoy, está a punto de convertirse en su hijo con todas las de la ley.

Esta terrible historia tiene unos héroes, aunque ellos se resisten a denominarse de esta forma. Francisco y Gemma, de 36 y 30 años respectivamente. Aunque los dos tienen hijos biológicos de anteriores relaciones y su casa siempre está llena de gente, ya se habían planteado adoptar: él es padre de dos chicas de 12 y 17 años y ella de dos niños de 11 y 6.

"Yo pensaba en adoptar algún niño especial porque son los últimos, son los que siempre se quedan ahí, en los hogares de acogida toda la vida", sostiene Gemma, que siempre ha trabajado con niños de necesidades especiales y que hoy ha dejado su trabajo para dedicarse por completo a su hijo.

Víctor cumplió dos años el pasado 3 de diciembre y llegó a casa de Francisco y Gemma con seis meses a través de un acogimiento temporal, que tramitaron a través de la ONG Hogar Abierto y el Servicio de Protección de Menores de la Junta de Andalucía.

Enseguida, pese a la absoluta dedicación que conlleva sus cuidados, decidieron solicitar la adopción. Víctor les había ganado el corazón. "Yo creo que cuando acoges de forma temporal a un niño sin problemas te encariñas menos porque tú misma sabes que va a volver con su familia o tarde o temprano o lo van a adoptar, pero a él no lo iba a querer nadie", dice Gemma.

No obstante, cuando solicitaron la adopción, su madre biológica se opuso a que el pequeño abandonara el centro de acogida donde vivía. No quería cuidarlo ella, pero tampoco cargar con la culpa de que otra familia sí lo quisiera. Pero el juez rubricó el derecho del niño a vivir con una familia y fue lo mejor que podía pasarle.

Los lunes tiene cita con el fisioterapeuta; los martes, estimulación; miércoles, rehabilitación, y viernes, hidroterapia, además de las continuas visitas al médico (ya ha pasado por quirófano tres veces). "Va mejorando mucho, mira lo que hace ya con la cabeza", explica Francisco ilusionado. Él nunca se lo había planteado, pero su mujer le contagió la ilusión y hoy se confiesa todo un padrazo. "Yo lo quiero igual que a cualquiera de mis hijos, es que se da a querer", dice Francisco, jardinero de profesión y encargado de un vivero.

Su implicación con las necesidades de este pequeño es total: Víctor ya es socio de la ONCE, donde dispone de un profesor y ya cuenta con su valoración para acogerse a las ayudas previstas en la Ley de Autonomía Personal.

Gemma y Francisco viven en una espaciosa casa de campo rodeada de naranjos a las afueras de Alhaurín el Grande. Viven con los hijos de ella, Isabella y Christian, que durante toda la entrevista están pendientes del pequeño y sonríen cuando se habla de él. "Ellos ayudan mucho; están muy implicados", dice Gemma.

Ahora toda la familia está encantada con el pequeño, pero reconocen que al principio les costó aceptarlo, sobre todo por el sacrificio que conlleva cuidarlo. "Al principio nos decían que estábamos locos, que cómo íbamos a estar 24 horas pendientes de un niño que además no era nuestro, que por qué no teníamos un niño biológico entre los dosý pero ahora están locos con el niño y lo quieren muchísimo".

Víctor tiene 2 años, pero una evolución similar a la de un niño de siete meses, aunque los médicos les han confirmado que ahora, desde que tiene un hogar, avanza mucho más rápido. Porque si algo caracteriza a esta pareja es su ilusión para todo y su tenacidad. El neurocirujano les ha confirmado que casi con toda probabilidad, Víctor no podrá andar y saben que a lo mejor en un futuro puede ver algo por el ojo izquierdo. Por ese casi y por ese algo, Gemma se "tira toda la semana en la carretera, de médico en médico". Estos son los nuevos héroes, aunque ellos no lo sepan.

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