málaga cf - barcelona

Clamor contra Al-Thani

  • La grada volvió a mirar al palco y focalizó sus protestas en la propiedad

  • Tampoco se libran los jugadores, a los que se llegó a aplaudir irónicamente

  • El destino, casi asumido

La grada anima durante un momento del partido. La grada anima durante un momento del partido.

La grada anima durante un momento del partido. / MARILÚ BÁEZ

"Qué ruina de Málaga", decía un aficionado tras el pitido final mientras bajaba las escaleras de la La Rosaleda tras la séptima derrota consecutiva del Málaga, ésta ante el Barcelona (0-2). Los rostros ya nos los conocemos. La resignación se refleja en el semblante de los aficionados, esos que se tiraron todo el partido coreando esto y lo otro, como si ya el resultado fuera lo de menos. Ayer, el malaguismo demostró en 90 minutos cuál es la diana de su furia y que la resolución de la temporada, el destino del equipo, la Segunda División, es un hecho.

Los 26.677 espectadores que estuvieron ayer en La Rosaleda traían de casa el guión. En el primer balón que tocó Gerard Piqué, declaración de intenciones. Pitos y más pitos para el catalán, al que siempre le persiguen. Ya sea en Vigo, Valencia o Málaga. Tras los insulsos primeros diez minutos y el gol de Luis Suárez, desde la grada de animación, lo que es ahora el Fondo Sur 1904, se inició el primer "Al-Thani vete ya" de la noche. Sería el primer de los cuatro intentos, pero fue el más atronador. El grito de inconformismo lo coreó toda La Rosaleda, dejando claro y señalando a un culpable en toda esta historia. Para el malaguismo, ese que gritó "el Málaga somos nosotros", ve en la propiedad el mal de este club en estos momentos, y ya lo dijeron ayer, "estamos hasta los huevos".

Cayó el segundo gol y se escucharon los primeros pitos corales. El equipo también está señalado y algunos jugadores quedaron retratados por el público. No están, no lo han estado durante toda la temporada, y ayer era el momento para señalar. No con el dedo, sí con la voz. Pero al igual que crucifican, también corean a los que sí están dando la cara. Ha sido de lo poco que ha mantenido durante estas 28 jornadas un cierto margen de dignidad. Roberto fue aplaudido por todos. Fueron varias las intervenciones del cancerbero que taparon una goleada de aúpa por parte del Barcelona. Un par a Suárez, otra a Dembelé, otra a Coutinho… El madrileño sintió el cariño, que lleva semanas con gesto contrariado al final de cada encuentro.

En la expulsión de Samu García, incomprensible desde cualquier prisma, la gente focalizó más con el colegiado, Martínez Munuera, que no dudo con la tarjeta roja; y con el cazado, Jordi Alba. No fue una gran actuación la del árbitro, dicho sea de paso, que llegó a irritar en numerosas ocasiones al respetable pese a decidir bien ahí.

Se dieron más muestras de resignación, de sumisión ante la realidad que es ahora el Málaga. A 11 puntos de la salvación, el público mostró su cara más irónica, tomándose con humor la situación. En las malas, el apoyo más sarcástico. Se corearon con olés los tres o cuatro pases seguidos que lograron hilvanar los malaguistas. De los olés se pasó al "jugadores mercenarios" y de éste se llegó a un socarrón "Míchel vete ya".

Fueron muchos los que abandonaron el estadio antes de que se cumpliera tiempo reglamentario. Con el 0-2, el frío y la escasa posibilidad de revertir la situación, la gente comenzó a marcharse. Se perdieron la estampa final. Jugadores abatidos y pitada final. Se vio muy afectado a Fede Ricca en la conclusión del encuentro. Sensación de darlo todo y no llegar. El malaguismo ayer pasó revista y destapó su propia caza de brujas.

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