LaLiga Santander

La tumba ya está cavada (2-0)

  • El Leganés pasó por un encima de un Málaga muy pobre en todas sus facetas

  • José González no da con la tecla y vuelve a naufragar

Amrabat elude la entrada de Chory Castro. Amrabat elude la entrada de Chory Castro.

Amrabat elude la entrada de Chory Castro. / EFE

Otra más. El Málaga se paseó por Butarque. Dio otra muestra de que el rumbo se perdió hace semanas. José González volvió a errar con el once y sus cambios. Amrabat, que no está en Martiricos porque se descartó, sentenció el partido y no celebró el tanto.
Alberto Bueno, Fede Ricca y Diego Rolan partían de inicio. Eran las apuestas de José González en Butarque. Opciones que volvieron a naufragar. Insípido el madrileño, errático el delantero e inoperante el lateral. El Málaga estuvo a merced del Leganés durante todo el encuentro, fueron los capitalinos los que tuvieron el peso, los goles y los puntos.
Es difícil rescatar algo positivo de un equipo al que le faltó actitud, ganas e ideas. La mentalidad está rota, es obvio mirando la clasificación, pero las soluciones se le escapan a José González, que no sabe lo que es ganar y vive de los casis.
La mejor acción de los blanquiazules la protagonizaron Rolan y Bueno. Un buen gesto en el área del 19 blanquiazul que el uruguayo disparó horrible. Tuvo otra con Cuéllar de pararrayos pero el sino de este equipo ya está pactado y es el descenso. 
Al descanso se llegó con el 0-0 pero las sensaciones eran las que son. Eraso aprovechó un buen balón de Diego Rico, que estaba en claro fuera de juego, para adelantar al Leganés y desquiciar al Málaga. Desapareció cualquier opción blanquiazul y Amrabat aprovechó el noqueo para sentenciar con un latigazo desde la frontal, tras romper a Lacen y batir fácil a Roberto. No lo celebró un jugador que pudo estar aquí y se le negó su vuelta.
Ideye, Kuzmanovic y Juanpi salieron desde el banquillo y nada cambio. Lo intentó el nigeriano en la primera que tuvo, pero todo estaba ya decidido. La media hora que restó sirvió para ver más de lo mismo de un equipo sin alma. Ni la suerte ni el trabajo cambia nada.

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