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Lunes de inflexión

  • El Málaga puede sellar esta noche su mejor semana en la lucha con el descenso si gana al Betis.

  • La salvación quedaría a un punto y se recortaría con hasta seis rivales directos.

Roberto se estira durante el entrenamiento de ayer para despejar un disparo. Roberto se estira durante el entrenamiento de ayer para despejar un disparo.

Roberto se estira durante el entrenamiento de ayer para despejar un disparo. / fotos: marilú báez

Los lunes ya no son el día después del fútbol. Ahora que el deporte es más televisivo que nunca, las semanas tienen ocho días. Y ahí asoma el hocico el Málaga, que recibe al Betis (21:00). No hay motivos para la pereza, la resaca o la desidia, la lucha por el descenso no entiende de días ni de horarios. Además, Míchel y los suyos han podido hacer algo bien diferente y anómalo esta temporada: sentarse en la butaca viendo los partidos de los rivales en el fin de semana para saltar hoy al terreno de juego sabiendo la recompensa de esta noche, que no son solo tres puntos: uno de los que estaba por delante, el Alavés, volvería a quedar por detrás, a los seis rivales que estaban por encima en puestos de la salvación se les habría comido dos o tres puntos y la permanencia quedaría a uno solo de distancia. No es un lunes cualquiera, puede ser el lunes del cambio.

Supone, de hecho, una invitación a la tranquilidad, un tren para engancharse a esa zona templada que dejaría el noveno puesto a seis puntos, con nueve equipos en medio. Volver al pelotón y dejar de ser ese corredor descolgado que se fatiga más por la soledad que por el esfuerzo que realiza. Incluso la final del jueves en Mendizorroza no se afrontaría de manera tan dramática. Por primera vez esta temporada, poder respirar algo de aire puro.

Regresa Joaquín, bien recibido siempre en Martiricos, y Javi García pondrá el morbo

Existen motivos para la confianza. El factor casa, por supuesto, es el primero. No por habitual pierde un ápice de importancia el recibimiento de la afición dos horas antes del choque. Los jugadores están respondiendo a ese calor y el club es consciente de la trascendencia, por eso permitirá que adultos entren con el carné infantil para que no haya huecos en las gradas.

Eso sucederá fuera del verde. Dentro de él se espera ver esa imagen al alza que se reconoce en los últimos encuentros. Los problemas de puntería no dejan de ser una amenaza, quedó claro ante el Levante, si bien el espaldarazo de los tres puntos en Anoeta era el golpe anímico que faltaba para la autoconfianza de los jugadores y que esos errores por aspersión dejen de minar. Van 180 minutos sin encajar un tanto y para un equipo de los que está abajo ese refuerzo resulta vital.

Los rendimientos individuales comienzan a mejorar. Luis Hernández y Baysse se están endureciendo, Keko ha resurgido a base de casta y sudor y Borja Bastón ya ha sacado los codos para reclamar su sitio.

Precisamente, el Betis viene sin red de seguridad. Se encumbró a Quique Setién, al que hoy se le ve caminar por la cuerda floja sin mucho equilibrio. Su equipo se ha convertido en una moneda al aire; tan notoria es la dinamita que puede acumular arriba como frágil al primer arañazo rival. La sicología, creciente en los blanquiazules y apagada en los visitantes, puede resultar vital en el choque si se convierte en un intercambio de puñetazos.

No se espera mucho movimiento por parte de Míchel, a pesar de que hasta hoy no habrá convocatoria. Reconoció el madrileño que Rolan está para la pelea, aunque probablemente no será así desde el principio. Sería buena noticia que no hubiera que recurrir a él para desatascar o revertir el partido, pues el descanso es lo que mejor le va a sentar en estos momentos. En el resto del once cualquier modificación sorprendería. Pero si hubiera que poner el asterisco en alguna zona, estaría en la defensa. Ignasi Miquel baraja alguna posibilidad de hacer su debut, bien en el lugar de Diego González, aunque no sea su puesto natural, o el de Baysse, pero es la posibilidad menos probable.

Setién podrá definir también un once mayoritariamente deseado. En él, cómo no, Joaquín, para el que siempre habrá palmas en La Rosaleda, y Javi García, el calco de Camacho que quería Míchel. Morbo puro.

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