Ser del Málaga es esto

  • El equipo blanquiazul sobrevive a la locura con un punto que invita a la esperanza

  • Rolan fue 'Rolandinho' con un doblete y liderazgo

  • Kuzmanovic vio la roja y Del Cerro estuvo nefasto

Ser malaguista es jugar en un rectángulo que tan pronto tiene forma de ataúd como de manicomio o edén. Ser malaguista es la vida en tres minutos, autodestrucción y resurrección. Es un autobús de ida al infierno y vuelta al cielo. El fútbol es esa belleza de lo indescifrable, es Míchel escondido en el banquillo y Míchel por primera vez despeinado y descamisado. Ser malaguista son las botas torcidas de Luis Hernández y las bendecidas de Rolan. Es empatar con diez contra doce. Es el yin y el yang del 3-3. Es la mirada a un hijo para decirle "esto es ser del Málaga".

Ser malaguista es exiliar a Adrián y convertir a Rolan en otro héroe de primer día. Es llorar de alegría cuando las lágrimas de rabia aún no se han secado. Es pasar deregalar el carné en el minuto 81 a no querer abandonar La Rosaleda. Es un descenso anticipado que se convierte en punto de inflexión. Es Iñaki Williams haciendo vudú a la defensa y Rolan vestido de Ave Fénix. Ser malaguista es la afición recibiendo a los suyos con el corazón y el equipo despidiendo a su grada con el alma.

El Málaga, además de incitar al baby-boom, murió, revivió y ganó, pese a empatar. Míchel recibió una extremaunción reversible, Al-Thani anuló el encargo de la lápida y la cambió por una nueva pila bautismal. Del velatorio a las endorfinas, del alma en los pies a las sonrisas sustraídas al Athletic. Y ahora parece que ser penúltimo y no supercolista es como cambiar el barro por leche de burra.

El circo de los errores, y de los horrores, dejó estigmas en Málaga y Athletic, aunque el sindiós rió en blanco y azul. Hubo reparto de héroes y villanos, pero en el trono se sentó Diego Rolan, todo un descubrimiento. En cinco minutos del Wanda sembró la esperanza. En 90 de Mestalla abrió un camino. En su debut en La Rosaleda cambió el mundo. Por fútbol, por oxígeno, por ideas, por puntería, por plasticidad, por fe. A lomos suyos cabalgó el Málaga toda la tarde. No le contaminó el penalti pueril de Luis Hernández. Ni le minaron las paradas de Kepa. Al contrario, parecieron retarle. Así fue como Rolan se convirtió en Rolandinho, todo magia para un gol sensacional e iluminador de rosca.

El futuro cobraba otro sentido hasta que un robo con falta de Munian acabó con el 1-2 de Williams y prologó la roja a Kuzmanovic, que dobló el error de Del Cerro Grande con su autoexpulsión en un calentón. El césped se convirtió en patio. Primero de recreo, para diversión del Athletic. Luego de manicomonio, para gloria de Rolan. El más cuerdo del Málaga se convirtió en el rey de los locos. Kepa, guardián del futuro, le negó la épica. Pero no evitará que anoche fuera engendrado algún que otro malaguista más.

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