laliga santander | Málaga CF-Real Betis Balompié

Gatillazo inexcusable (0-2)

  • El Málaga se complica la vida volviendo a los errores de principios de temporada.

  • Míchel puso a Chory Castro de medio centro cuando Adrián se lesionó y ello desconectó al equipo.

Los jugadores del Betis celebran el tanto de Sergio León ante un Málaga decepcionado. Los jugadores del Betis celebran el tanto de Sergio León ante un Málaga decepcionado.

Los jugadores del Betis celebran el tanto de Sergio León ante un Málaga decepcionado. / EFE

Era tan grande el botín que otorgaban los tres puntos que en el imaginario no se concebía un gatillazo como el de anoche. Por inoportuno y porque conectó con los peores tramos de la temporada. Y la caída desde esas últimas jornadas de repunte hasta el tortazo de ayer fue bastante dolorosa. Pasaba por La Rosaleda un tren que llevaba hacia la zona de salvación. El Málaga no se subió y fue atropellado.

Y a ver quién lo levanta, porque el varapalo fue bien gordo. En 48 horas Mendizorroza podría ser una plataforma de redención. No obstante, ahora mismo escasean los argumentos para que el aficionado piense que allí se puede cosechar un triunfo. De haber ganado, hasta el empate habría sido un cálido abrazo. El fango llega de nuevo hasta las orejas y hay obligación de que las próximas balas impacten en Alavés y Espanyol. O si no...

El Málaga tenía todo a su favor. Otro grandioso recibimiento, el de ayer el más espectacular de todos, el once tipo, la trayectoria en barrena del Betis. Y así comenzó a escribirse la historia del encuentro. Sin saber cómo -en realidad, sí: gracias a la magia de Joaquín llevando el gol en bandeja a Sergio León- el Betis se puso por delante en su primer tiro. Y unos minutos después Adrián se tiró al suelo a recuperar un balón y se levantó con una lesión muscular. Eso sentó peor que el tanto. Porque provocó un cortocircuito en Míchel, que metió a Rolan en la banda y reinventó al Chory Castro en el doble pivote. Un palo tremendo a Rolón y una equivocación tremenda, pues el técnico partió a su equipo en dos. La segunda línea del Betis, Joaquín, Fabián y Camarasa, campó a sus anchas y el Málaga entró en un agujero negro del que ya nunca más salió.

La noche del caos fue para todos. Roberto el primero. Habitual de la seguridad y la confianza, su noche fue de flan. Pudo, y debió, hacer más en el 0-1; él mismo se dio cuenta, demasiado dubitativo a la hora de salir. Pero la negrura fue para todos. Borja Bastón volvió a su isla, Baysse volvió a sufrir a la espalda, Recio nunca llegó a entrar en calor, Ontiveros, una de las soluciones de Míchel, jugó para sí mismo... Ni los jugadores del Málaga fueron capaces de salir de esa espiral de impotencia y de cabeza gacha en el que no existen los milagros ni Míchel puso orden en el desbarajuste táctico que había creado en la primera mitad.

En medio de todo esto, un centro desde la izquierda de Fabián lo cazó el lateral derecho, quien prolongó sin oposición para que Camarasa marcara a placer en el área pequeña. Sobre una alfombra roja blanquiazul. Con eso se conformó el Betis, quien ya se podría haber ido 0-2 al descanso por un gol fantasma de falta de Joaquín que entró claramente.

Quique Setién venía sobre la cuerda floja pero su amigo Míchel le echó un buen cable. Ciertamente, salió bien plantado el Málaga, presionando arriba para buscar las cosquillas, pero en ningún momento el técnico blanquiazul supo contrarrestar el armazón verdiblanco en la medular. Si a eso se le suma que Joaquín regresó a La Rosaleda con la bombilla encendida...

La sensación final de frustración se apoderó de La Rosaleda, que con razón explotó. Las más de 22.000 almas que fueron a dar su apoyo se llevaron otra cornada. Al-Thani y Míchel se llevaron la ración de cánticos con los que descargaron su rabia. No solo queda un rejón que vuelve a complicar sobremanera la permanencia -el año 2017 acabará seguro en zona de descenso-, perder a los seguidores es el peor fichaje que puede hacer el equipo en estos momentos. Y el enfado que se llevaron de una noche fría y decepcionante fue morrocotudo. Aquí no se debe rendir nadie.

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